—Dime tú cómo.

En esto la soltó.

«Primero, no dándome sofocos y tratando razonablemente».

—Acompáñame esta noche—dijo Polo con brutalidad.

—No, no mil veces—replicó Tormento con toda su alma.

—Déjame concluir... Te juro que mañana eres libre y que no te molestaré más.

Amparo meditó un rato. El extremo de gravedad a que habían llegado las cosas, la ponía en el triste caso de tomar en consideración la infernal propuesta. Pero su conciencia triunfó pronto de su vacilante debilidad, inspirándole estas palabras que revelaban tanto asco como valentía:

«De ninguna manera. Prefiero morirme aquí mismo».

—Mañana serás libre.

—Prefiero ser cadáver...