«Todos los días no son iguales—dijo la menor—. Puede que cuando menos lo pensemos se nos entre la fortuna por las puertas... ¡Ah!, verás qué sueño tuve anoche... Antes te diré que ayer por la tarde estuve más de una hora en casa de Ido. El buen señor, muy entusiasmado y con los pelos tiesos, se empeñó en leerme un poco de las novelas que está escribiendo. ¡Qué risa!... Vaya unos disparates... No lo entiendo; pero me parece... Yo le decía: «D. José, sabe usted más que Salomón» y él se ponía tan hueco. Dice que sus heroínas somos nosotras, dos huérfanas pobres, pobres y honradas, se entiende... Resulta que somos hijas de un señor muy empingorotado... y cosemos, cosemos para ganar la vida... ¡Ah!, y hacemos flores. Tú, que eres la más romántica y hablas por lo fino diciendo unas cosas muy superfirolíticas, te entretienes por la noche en escribir tus memorias... ¡qué risa! Y vas poniendo en tu diario lo que te pasa y todo lo que piensas y se te ocurre. Él figura que copia párrafos, párrafos de tu diario... Nunca me he reído más... El hombre me puso la cabeza como un farol... Por la noche, como tenía el entendimiento lleno de aquellas papas, soñé unos desatinos... ¡qué cosas, chica!, soñé que te había salido un novio millonario...».
Amparo, que oía la relación con indiferencia, al llegar a lo del sueño se sonrió de improviso con la mayor espontaneidad. Aquella sonrisa le salía del fondo del alma. Su hermana expresaba su buen humor con sonoras carcajadas.
«Es tarde...—dijo levantándose impaciente—. Me acabaré de vestir en seguida».
—¿A dónde vas?
—¿Que a dónde voy?—replicó Refugio sin saber qué contestar o tomándose tiempo para urdir la contestación—. Ya te lo dije... ¿No te lo dije?... Pues creí que te lo había dicho.
—¿Vas al teatro?
—Justamente. Me han convidado las de Rufete. Después vamos al café, donde hay un cursi que nos convida a chocolate.
—¿A qué teatro vas?
—A la Zarzuela... Entramos en el escenario. Una de las de Rufete es corista.
—Esa gente no me gusta—indicó Amparo de malísimo humor—. Siempre hago propósito de no permitirte ir a ninguna parte, y mucho menos de noche. Pero no tengo carácter... soy lo más débil...