—¿Necesitas algo más? ¿Á qué esperas para acostarte?

—Á que venga Pinto para quitarme las botas.

—Te las quitaré yo si quieres.

Nunca fuera caballero... de Reyes tan bien servido—dijo Rafael alargando un pie.

—No es así—observó D. Francisco, con alarde de erudición, sacando la primera bota.—De damas se dice, no de Reyes.

—Pero como el que ahora me sirve no es dama, sino Rey, he dicho de Reyes... Velay, como dicen ustedes, los próceres de nuevo cuño.

—¿Rey?... já, já... También me da tu hermana ese tratamiento tan augusto... Guasón está el tiempo.

—Y tiene razón. La Monarquía es una fórmula vana, la Aristocracia una sombra. En su lugar, reina y gobierna la dinastía de los Torquemadas, vulgo prestamistas enriquecidos. Es el imperio de los capitalistas, el patriciado de estos Médicis de papel mascado... No sé quién dijo que la nobleza esquilmada busca el estiércol plebeyo para fecundarse y poder vivir un poquito más. ¿Quién lo dijo?... á ver... usted que es tan erudito...

—No sé... Lo que sé es que esto matará aquello.

—Como dice Séneca, ¿verdad?