—Pues en vez de llamar al especialista, llevamos á Rafael á París para que le vea Charcot.
VI
—¿Y quién es ese peine?—preguntó Torquemada, cuando hubo tragado el pedazo de carne, que al oir Charcot se le atravesó sin querer pasar ni para arriba ni para abajo.
—No es peine. Es el primer sabio de Europa en enfermedades cerebrales.
—Pues yo—afirmó el tacaño, dando un golpe en la mesa con el mango del tenedor,—yo, yo le digo al primer sabio de Europa que se vaya á freir espárragos... y que si quiere enfermos ricos, que vaya á recetarle á la gran puerquísima de su madre.
—¡Hombre, qué cosas dices...!—manifestó Fidela con dulce severidad y blando mimo.—Francisco, por Dios... Mira, tontín, con el viaje á París matamos dos pájaros de un tiro.
—No, si yo no quiero matar pájaros de un tiro, ni de dos.
—Llevamos á Rafael á que le vea Charcot.
—Si no hiciera más que verle... Pues con mandarle el retrato...
—Digo que curaremos á Rafael, y de paso, verás tú á París, que no lo has visto.