—La tiene usted merecida, y ganada... en principio; pero aún no la posee.
—¿Y quien se lo ha dicho á usted?
—Me lo digo yo, que lo sé.
—Usted no sabe nada... Bah, perdida ya la vergüenza, le voy á decir otra cosa, Morentín.
—¿Qué?
—Que yo tengo mucho talento.
—Noticia fresca.
—Más talento que usted, pero mucho más.
—Infinitamente más. ¡Vaya por Dios!... Como que es usted capaz, con tantas perfecciones, de volver loco á todo el género humano, y á mí para estrenarse.
—Pues siguiendo usted cuerdo un poco tiempo más, podrá reconocer que no sabe en qué consiste la felicidad.