—Ya te he visto, ya te he visto—indicó Zárate,—haciendo el Lovelace. Lo que es ésta no se te escapa, Pepito.

—Quítate... ¡Me ha dado Rafael un sofoco...! Figúrate... (Refiérele la escena en breves palabras.) Yo había tenido, en casos como este, algún vigilante de mucho ojo; pero un Argos ciego no me había salido nunca. ¡Y que ve largo el muy tuno...! Pero con Argos y sin él, yo seguiré en mis trece, mientras no me vea en peligro de escándalo... No por nada... por mamá, que es tan amiga...

—Enteramente—replicó Zárate, en cuyo cerebro había quedado el sonsonete de aquel socorrido adverbio.

—Dime, ¿qué piensas tú de los caracteres complejos?

—¿Lo dices por Fidela? No la tengo yo por más compleja que otras. Todos los caracteres son complejos ó polimorfos. Sólo en los idiotas se ve el monomorfismo, ó sea caracteres de una pieza, como suelen usarse en el arte dramático, casi siempre convencional. Te recomiendo que leas los artículos que he dado á la Revista Enciclopédica.

—¿Cómo se titulan?

De la Dinamometría de las Pasiones.

—Te doy mi palabra de no leerlos. Lecturas tan sabias no son para mí.

—Abordo el problema electro-biológico.

—¡Y pensar que vivimos, y vivimos perfectamente, ignorando todas esas papas!