—¿Qué te ha dicho?

—Nada.

—No admito subterfugios. Has de hablarme claro y pronto. Hace tiempo, desde mucho antes de salir de Madrid, empecé á notar que te ponías muy nervioso siempre que hablabas de él... Vamos á ver; dímelo todo, Rafael. Por Dios te lo pido.

—Morentín es un egoísta.

—¿Y nada más que por eso le odias?

—Y un miserable.

—¿Qué te ha dicho?... Algo habéis hablado. No me lo niegues.

—No necesito que Pepe me muestre la fealdad de su alma, porque se la veo con los ojos de la mía... y con la luz de mis pensamientos... ¡pero tan claro...!

—Ea, ya empiezas á desvariar. Vamos, alguno de los amigos que te han visitado hoy, Manolito Infante, Peñita, quizás Malibrán, que es muy malo y tiene la peor lengua del mundo, te ha dicho alguna brutalidad del pobre Morentín.

—No; nadie me ha dicho nada.