—Haz memoria, Rafael. Malibrán, Malibrán ha sido. Pero, hijo, ¿para qué haces caso de ese fatuo, complexión de víbora, lengua venenosa?
—Te juro por la memoria de nuestra madre—dijo Rafael con solemne acento,—que Malibrán no me ha dicho absolutamente nada de... vamos, del asunto penoso que es la causa de mi aborrecimiento á Morentín... Pero ahora comprendo... Hermana querida, tú has venido á interrogarme á mí esta noche, y ahora soy yo quien interroga... Respóndeme pronto, clarito: Malibrán, en alguna parte, ¿ha dicho algo... de eso?
—¿De qué?
—De eso. No te hagas de nuevas. La idea que á mí me atormenta, te atormenta también á tí... Ya lo veo todo muy claro con la luz de mi razón. Lo que yo solo adiviné con los recursos de mi lógica, el mundo lo dice ya, quizás lo pregona con escándalo, y ese escándalo ha llegado á tus oídos. Dímelo, dímelo. Malibrán ó algún otro deslenguado, ha dicho algo en casa de los Romeros, en casa de San Salomó, de Orozco tal vez...
—¿Pero qué?—preguntó Cruz acongojada, queriendo ocultar sus ideas á la perspicacia del ciego.
Éste no veía su palidez mortal; pero notaba en su voz un timbre opaco, que para él era dato tan preciso como la blancura del semblante, y la voz de Cruz delataba sobresalto, ira, vergüenza.
—Pues bien—añadió Rafael tras breve pausa,—lo diré yo sin rodeos. Á tus oídos llegan voces de escándalo. Quien quiera que sea lo propala en las casas de los enemigos, también quizás en las de los amigos. Yo, sin oirlo, lo sé, como sin verlo lo he visto. ¿Á qué hacer misterio de ello? Lo que dicen es que mi hermana Fidela tiene un amante, y que éste es Morentín.
—Cállate—gritó Cruz con arranque de ira, poniéndole la mano en la boca con tanta fuerza, que parecía que le abofeteaba.
—Digo la verdad... El escándalo ha llegado á tus oídos. No me lo niegues.
—Pues bien, no lo niego. Malibrán es quien se ha permitido afrentarnos con esta calumnia infame. ¡Y hoy le hemos tenido aquí! Gracias que se fué á comer á casa de Cícero, que si le veo en mi mesa, no sé... creo que yo misma... En Biarritz lo dijo, y en Cambo y en Fuenterrabía. Lo sé por persona que no puede engañarme, y que me ha puesto sobre aviso. Triste cosa es la deshonra motivada; pero deshonra que surge por generación espontánea, y corre y se propaga sin que exista ni el más insignificante hecho que la justifique, es cosa que subleva.