—¡Hola, hola! Lo dirá por los saqueos de tu hermana, y por lo esquilmado que me tiene.

—No es por eso.

—¿Pues por qué, ñales?

—Si dices indecencias me callo.

—No, no las digo, ¡ñales, re-ñales! Tu hermanito me está cargando otra vez; repito que me está cargando, y al fin será preciso que evitemos todo punto de contacto entre él y yo.

X

—Pues de repente se puso á decirme cosas—añadió Fidela,—con entonación trágica, frases muy parecidas á las que le decía Hamlet á su madre cuando descubre...

—¿Qué?... ¿Y quién es ese Jamle, ¡Cristo!, quién es ese punto que ya me va cargando á mí también, pues Zárate me lo saca también á relucir á cada triquitraque? ¡Jamle, dale con Jamle!

—Era un Príncipe de Dinamarca.

—Sí; que andaba averiguando aquello de ser ó no ser. ¡Valiente bobería! Ya lo sé... ¿Y qué tiene que ver ese mequetrefe con nosotros?