—Nada. Pero mi hermano no está bien de la cabeza, y me ha dicho lo que Hamlet á su madre...
—Que también debía de ser una buena ficha.
—No era de lo mejor... Verás: esto pasa en una de las más hermosas tragedias de Shakespeare.
—¿De quién?... ¡Ah! el que escribió el Sí de las niñas.
—No, hombre... ¡Qué bruto eres!
—Ya; el autor de... de la... En fin, sea quien fuere, poco me importa, y en sabiendo que ese Jamle es todo invención de poetas, no me interesa nada. Que lo parta un rayo. Pasemos á otra cosa, niña. No hagas caso de tu hermano, y lo que él te diga, óyelo como si oyeras llover... ¿Y tu hermana?
—Ha ido á compras.
—¡Ay, Dios mío, qué dolor siento aquí!
—¿Dónde?
—En el santo bolsillo. ¡Á compras! Adiós mi líquido. Tu hermana y yo vamos á acabar mal. ¿Qué proyectos abrigará; qué nuevos gravámenes me esperan?... Estoy temblando, porque hace tiempo, desde antes del verano, me tiene anunciado el trueno gordo, y yo me devano los sesos pensando qué será, qué no será.