—Además, si te lo digo, invado un terreno que no es el mío, y atribuciones que...
—Música, música... Te mando que me lo digas, ó habrá un jollín en casa.
—No seas bárbaro... Ven acá; siéntate á mi lado. No manotees, ni te pongas ordinario, Tor. Mira que así no te quiero. Ven acá... dame la pata (tomándole una mano). Aquí quietecito y hablando á lo caballero, sin decir gansadas ni porquerías. Así, así.
—Pues sácame de dudas.
—¿Me prometes guardar el secreto y hacerte el sorprendido cuando mi hermana te...?
—Prometido.
—Pues verás. Una tía nuestra, que ya murió la probrecita...
—Dios la tenga en su santa gloria. Adelante.
—Mi tía, doña Loreto de la Torre Auñón...
—Muy señora mía.