—No llores, hijo—díjole el tacaño ablandándose súbitamente.—Ha sido sin querer, por la pícara costumbre. Estoy de mal temple. ¿Qué hay? ¿Ha salido de la alcoba alguno de esos tres doctores de pateta?... No llores te digo. Si la señora sale en bien, cuenta con una muda de ropa... Vete á ver quién está en la sala. Paréceme que ha entrado la mamá de Morentín, enteramente... ¿Y el señor de Zárate ha venido?... ¿No? Pues lo siento... Entérate con cuidado, con discreción, de donde está la señorita Cruz, si en la alcoba, ó en la sala, ó en su cuarto, y corre á decírmelo. Te espero aquí... Entras haciéndote el tonto, creyendo que te han llamado... Esto no es vivir. Tú también deseas que salgamos bien, y que sea varón, ¿verdad?

Limpiándose las lágrimas, respondió que sí el bueno de Pinto, y se fué á desempeñar las comisiones que le encargó su amo. El cual continuó divagando por los pasillos, á ratos despacio, fija la vista en el suelo, como si buscase una moneda que se le había perdido, á ratos de prisa, vuelta la cara hacia el techo, cual si esperara ver caer de él lluvia de oro. Cuando llamaban á la puerta, se escondía en el aposento que le cogía más á mano, recatándose de las visitas, que le azoraban ó le ponían furioso.

Pero una persona entró que le fué muy grata, y á ella se abalanzó con júbilo, dejándose abrazar y recibiendo varios estrujones.

—Tenía ganas de verle, amigo Zárate. Estoy, estamos angustiadísimos.

—¿Pero qué?—dijo el sabio, fingiendo consternación.—¿Todavía no se le puede dar á usted la enhorabuena?

—Todavía no. Y he mandado venir tres facultativos de punta, eminencias los tres, y alguno de ellos lo primero del globo terráqueo en clase de comadrones.

—¡Oh! pues no habrá nada que temer. Esperemos tranquilos el resultado de la ciencia.

—¿Lo cree usted?—dijo Torquemada, ya exánime, apoyándose, como un borracho á quien falta el suelo, en las paredes del pasillo.

—Confío en la ciencia. ¿Pero acaso el lance se presenta dificultoso? Será que la familia se asusta sin motivo. ¿Está la paciente en el primer período? ¿Y el vástago se presenta por el vértice ó por la pelvis?

—¿Qué dice usted?