Cruz no le dejó entrar en la alcoba. Había que aguardar un momentito.
—¿Y qué tal...? robusto como un toro...—añadió el venturoso padre, que sin saber cómo fué arrastrado á la sala, y allí le abrazaron multitud de personas, soltándole y recibiéndole como una pelota, y llenándole la cara de babas.—Gracias, señores..., agradezco sus manifestaciones... San Eloy... la ciencia... tres primeras espadas de la Medicina. Gracias mil... estimando... No me ha cogido de nuevas... Ya sabía yo que había de ser... del sexo masculino, vulgo macho... Dispensarme, no sé lo que digo... Ea, Pinto, quiero convidar á todo el mundo. Vete á la taberna y que traigan unas copas de Cariñena... ¡Qué disparate...! No sé lo que digo... La sacra Biblia empastada y champañ... Señores, mil y mil gracias, por su actitud de simpatía y... beneplácito. Estoy muy contento... Seré Mecenas de todo el mundo... Que traigan peleón, digo Jerez... Bien sabía yo el resultado de la peripecia... Lo calculé. Yo todo lo calculo... Querido Zárate venga otro abrazo. ¡La ciencia...! Lo... or á la ciencia. Pero lo dicho: no se necesitaban tantos doctores. Ha sido un parto meramente natural y espontáneo, por decirlo así. Somos felices... Sí señora, felices... enteramente; tiene usted razón, enteramente...
Entró á felicitar á su esposa. Después de hacerle muchos cariños, y de echar un vistazo al crío cuando le estaban lavando, volvió á salir, radiante.
—Es el mismo, el propio Valentín—dijo á Rufinita, volviendo á abrazarla.—¡Cuánto me quiere Dios! ¡Él me lo quitó; Él me lo vuelve á dar! Designios que no saben más de cuatro; pero yo sí... Ahora, lo que nos vendría muy bien es que se largara toda esta gente.
—Pero si vienen más. Se llenará toda la casa.»
Y otra vez en la sala, oyó, entre el coro de felicitaciones, comentarios de la extraordinaria coincidencia de que el hijo de Torquemada naciese en la fecha del Nacimiento del Hijo de Dios.
—Ahí verán ustedes... Los designios, los altos designios...
—Feliz Noche Buena, Sr. D. Francisco, el hombre grande, el hombre de la suerte, el niño mimado del Altísimo...
No se olvidó, con tanto incienso, de ir á recibir la felicitación de Rafael, el cual hubo de recibirle con fría cordialidad, congratulándose de que su hermana hubiera dado á luz felizmente; más no hizo mención del nuevo sér, que había venido á perpetuar la dinastía. Esto le supo muy mal á D. Francisco, que con altanero ademán y sonora voz le dijo:
—Varón, Rafael, varón, para que tu casa y todita tu nobleza de antaño, más vieja que las barbas del Padre Eterno, tenga representación en los siglos venideros y futuros. Supongo que te alegrarás.