—¿Me quiere usted decir qué comedia de puñales es ésta?

—¡Pero D. Francisco...!

—Si se han enterado, ¡me caigo en la mar!, ¿por qué tanta tiesura? ¡Vaya que ni tan siquiera darle á entender á uno que les retoza un poco de alegría por el cuerpo!...

—¡Pero D. Francisco...!

—Y sobre todo, y esto es lo que más me revienta..., dígame, dígamelo pronto... ¿Con cuál de las dos me caso?... El demonio me lleve si lo entiendo... ¡Puñales y la Biblia en pasta!

—Moderación, mi querido D. Francisco. Y parta del principio de que yo no intervengo si...

—Yo no parto de más principio ni de más postre, ¡cuerno!, sino del saber ahora mismo...

—¿Con cuál...?

—¡Sí, con cuála! Sépalo yo con cien mil gruesas de demonios y con la Biblia en pasta...

—Pues... no lo sé yo tampoco todavía. Estamos en lo más delicado de las negociaciones, y si no me confirma sus poderes plenos, aguardando con moderación y calma lo que resulte, me desentiendo, y nombre usted otro... legado pontificio (echándose por lo festivo), ó trate usted directamente con la potencia.