—¿Oiste lo que hablaron?

—No; pero supongo que no hablarían nada de particular.

—No me equivoco, no. Algo hay, y algo muy gordo, Fidela. Lo que no sé es si nos traerá felicidad ó desgracia. ¿Qué crees tú?

—¿Yo?... Hijo, sea lo que fuere, más desgracias no han de caer sobre nosotros. No puede ser; la imaginación no concibe más.

—¿De modo que tú sospechas que será bueno?

—Te diré...: en primer lugar, yo no creo que ocurra nada; pero si algo hubiere, por razón lógica, por ley de justicia, debe de ser cosa buena.

—Cruz nada nos dice. Nos trata como á niños... ¡Caramba! y si lo que pasa es bueno, bien podía decírnoslo.

La entrada de Cruz cortó este diálogo.

—¿Y vosotras, qué tenéis hoy para comer?

—¿Nosotras?... ¡Ah!, una cosa muy buena. Hemos traído un pez...