—¿Cómo se llama? ¿Lo ponéis con arroz, ó cocido, en salsa tártara?

—Lo pondremos á la madrileña.

—Á estilo de besugo, las tres rajitas y las ruedas de limón.

—Pues yo no lo pruebo. No tengo gana—dijo Fidela.—Cómetelo tú.

—No, tú... Para ti se ha traído.

—Tú, tú...; tú te lo comes. ¡No faltaba más!...

—¡Ay, qué risa!—dijo el ciego con infantil gozo.—Será preciso echar suertes.

—Sí, sí.

—Arranca dos pajitas de la estera, y tráemelas. Á ver..., vengan... Ahora no miréis. Corto una de las pajitas para que sean desiguales de tamaño... Ya está... Ahora las cojo entre los dedos: no mirar, digo... ¡Ajajá! La que saque la paja grande, esa se come el pescadito. Á ver..., señoras, á sacar...

—Yo esta.