—Lo adivinó. ¡Pobre ángel! La falta de vista le aguza el entendimiento. Todo lo sabe.

—No transige.

—El maldito orgullo de raza. Nosotras lo hemos perdido con este baqueteo espantoso del destino. ¡Raza, familia, clases! ¡Qué miserable parece todo eso desde esta mazmorra en que Dios nos tiene metidas hace tantos años! Pero él conserva ese orgullo, la dignidad del nombre que se tenía por ilustre, que lo era... Es un ángel de Dios, un niño: su ceguera le conserva tal y como fué en mejores tiempos. Vive como encerrado en una redoma, en el recuerdo de un pasado bonito, que... El nombre lo indica: pasado quiere decir... lo que no ha de volver.

—Me temo mucho—dijo Fidela secreteando—que tu... proyecto no pueda realizarse.

—¿Por qué?—preguntó la otra con viveza, echando lumbre por los ojos.

—Porque... Rafael no resistirá la pesadumbre...

—¡Oh!, no será tanto... Le convenceré, le convenceremos. No hay que dar tanta importancia á una primera impresión... Él mismo reconocerá que es preciso... Digo que es preciso, y que es preciso..., y se hará.

Reforzó la afirmación dejando caer su puño cerrado sobre la mesa, que gimió con estallido de maderas viejas, haciendo rebotar el pedazo de carne envuelto en un papel. Después, la dama suspiró al levantarse. Diríase que al tomar aliento con toda la fuerza de sus pulmones, metía en su interior una gran cuchara para sacar la energía que, después del colosal gasto de aquellos años, aún quedaba dentro. Y quedaba mucha: era una mina inagotable.

—No hay que acobardarse—añadió, sacando del ensangrentado papel el pedazo de carne y desenvolviendo los otros paquetes.—No pensemos ahora en eso, porque nos volveríamos locas, y á trabajar... Mira, corta un pedazo para bistec. Lo demás lo pones como ayer... Nada de cocido. Aquí tienes el tomate..., un poco de lombarda..., los tres langostinos..., el huevo..., tres patatas... Haremos para la noche sopa de fideos... Y no te muevas de aquí por ahora, ni vuelvas allá. Yo le peinaré, y veremos si logro templarle.

Encontróle en la misma actitud de Eccehomo sin caña.