—Sí..., sí—replicó la señorita, trémula y desconcertada, pues había llegado á creer que aquello iba de veras; y por parte de Rafael bien de veras iba.

—No tiene el valor mío—dijo Cruz,—que es todavía más grande que el tuyo.

—¡Ay, yo no puedo, yo no quiero!—declaró Fidela, llorando como una chiquilla.—¡Morir, matarse...! La muerte me aterra. Prefiero mil veces la miseria más espantosa, comer tronchos de berza... ¿Hay que pedir limosna? Mandadme á mí. Iré antes que arrojarme por la ventana... ¡Virgen Santa, lo que dolería la cabeza al caer! No, no; no me habléis á mí de matarnos... Yo no puedo, no; yo quiero vivir.

Actitud tan sincera y espontánea terminó la escena, apagando en Rafael el entusiasmo suicida y dando á Cruz un apoyo admirable para llevar la cuestión al terreno para ella más conveniente.

—Ya ves, nuestra querida hermanita nos deja plantados en mitad del camino..., y sin ella ¿cómo vamos á matarnos? No es cosa de dejarla solita en el mundo, entre tanta miseria y desamparo. De todo lo cual se deduce, querido hermano, chiquitín de la casa (acariciándole con gracejo), que Dios no quiere que nos suicidemos... por ahora. Otro día será, porque en verdad, no hay más remedio.

—Ah, pues conmigo no cuenten—manifestó Fidela, nuevamente aterrada, tomándolo muy en serio.

—Por ahora no se hable de eso. Conque, tontín, ¿me prometes ser razonable?

—Si ser razonable es transigir con... eso y dar nombre de hermano á... Vamos, no puedo: no esperes que yo sea razonable..., no lo soy, no sé la manera de serlo.

—¡Pero hijo mío, si no hay nada todavía! ¡Si no es más que un rumor, que no sé cómo ha llegado á tus oídos! En fin, ya conozco tu opinión, y la tendré en cuenta. D. José hablará contigo, y si entre todos acordamos rechazar la proposición, entre todos acordaremos también lo que se ha de hacer para vivir...; mejor dicho, no hay que discutir más que el asilo en que hemos de pedir plaza. Ésta no quiere que muramos; tú no quieres lo otro. Pues al Hospicio con nuestros pobres cuerpos.

—Pues al Hospicio. Yo no transigiré nunca con... aquello.