—No quiere decir que yo piense modificarlas—añadió D. Francisco, que por el desahogo con que hablaba parecía completamente restablecido.—Soy hombre de palabra; y cuando digo ¡hecho!, la operación queda cerrada. No, no quiero en manera alguna romper mis buenas relaciones con el Sr. Dios, que tan bien se ha portado conmigo... ¡No faltaba más! Soy quien soy, y Francisco Torquemada no se vuelve atrás de lo dicho. El tercio enterito para la santa Iglesia, repartido entre los distintos institutos religiosos que se dedican á la enseñanza y á la caridad... Se entiende que eso será después de mi fallecimiento... Claro.

Trataron de otros extremos que al nombramiento de albaceas se contraía, y Donoso, con todos los datos bien seguros, le incitó á la quietud, al silencio, y casi estuvo por decir á la oración mental; pero no lo dijo.

—Conforme, mi querido D. José María—replicó el enfermo;—pero al sentirme bien, no puede desmentirse en mí el hombre de actividad. Confiéseme usted que yo tengo siete vidas como los gatos. Vamos, que de ésta escapo. No, si estoy muy agradecido á Su Divina Majestad, pues la salud que recobraré, ¿á quién se la debo? Verdad que yo puse de mi parte cuanto se me exigió, y estoy muy contento, pero muy contento de ser buen cristiano.

—Digo lo que Gamborena: que hay que conformarse con la voluntad de Dios, y aceptar de Él lo que quiera mandarnos, la vida ó la muerte.

—Justamente, lo que yo digo y sostengo también, de motu propio; y la voluntad de Dios es ahora que yo viva. Lo siento en mi alma, en mi corazón, en toda mi economía, que me dice: «vivirás para que puedas realizar tu magno proyecto.»

—¿Qué proyecto?

—Pues al abrir los ojos después de aquel sueño reparador, me sentí con las energías de siempre en el pensamiento y en la voluntad. Desde que volví á la vida, mi querido D. José, se me llenó la cabeza de las ideas que hace tiempo vengo acariciando, y hace poco, mientras abrazaba á toda la familia, pensaba en las combinaciones que han de hacer factible el negocio.

—¿Qué negocio?

—¡Hágase usted el tonto! ¿Pues no lo sabe? El proyecto que presentaré al Gobierno para convertir el Exterior en Interior... Con ello se salda la deuda flotante del Tesoro, y se llegará á la unificación de la deuda del Estado, bajo la base de Renta única perpetua Interior, rebajando el interés á tres por ciento. Ya sabe usted que en la conversión se incluyen los Billetes Hipotecarios de Cuba.

—¡Oh!... sí, gran proyecto—dijo Donoso alarmado de la excitación cerebral de su amigo;—pero tiempo hay de pensarlo. Para eso el Gobierno tiene que pedir autorización á las Cortes.