—¿Paz? —preguntó sor Teodora de Aransis con graciosa ironía.
—Sí, señora, paz.
—Pues yo no la veo.
La monja irguió su hermoso cuello, moviendo la cabeza y arqueando las cejas con expresión enteramente mundana.
—Yo no veo sino guerra —dijo después de una pausa, durante la cual miraba delante de sí como se mira a un espejo.
—¿En dónde está esa guerra?
—En España.
—¿En España? No hay guerra por ahora.
—Pero la habrá —afirmó sor Teodora con aplomo.
—¿Por qué motivo? ¿No tenemos rey? ¿Acaso podrán levantarse otra vez los liberales?