La entereza y el tono de solemnidad con que el forastero se había expresado, confundieron momentáneamente al voluntario realista. Clavando su mirada profunda y sagaz en el rostro del prisionero, dijo así:

—¡Uñas y rabo de Satanás! Si no es usted traidor, que me fusilen a mí. Jamás me equivoco... Pero observo que ha traído usted consigo una maleta. Deme usted la llave.

El extranjero sacó una llave, y arrojándola en el suelo a los pies de Armengol, volvió la espalda, y después de llevarse la mano a la frente, se puso a pasear. Tilín abrió la valija, y al registrar, sus manos parecían las viles manos de un aduanero.

—Ropa —dijo sacando varias piezas—, dinero... ¿Qué es esto?

Mostraba un pliego. El llamado Servet tembló al ver aquel pliego en manos del voluntario realista. Sin poder dominar su coraje, exclamó:

—Un papel, asesino. Léalo el que pueda.

Tilín fijaba sus ojos con atención en tres letras misteriosas trazadas sobre la cubierta del pliego.

—Esto parece masónico —dijo sonriendo diabólicamente—. ¿Qué significan estas letras F. P. D.? ¡Uñas y rabo...! Por mi vida, que recuerdo haber oído hablar de estas tres letras a mosén Crispí de Tortellá.

—Esas tres letras —dijo Servet acariciando una idea feliz— quieren decir Ferdinandum pedibus destrue.

—¡Ah!... yo había oído aquello de Lilia pedibus... «pisotea las flores de lis».