—Se han marchado ya, prenda. ¿Te ha sabido á bueno?—dijo Pirli, preparándose á hacer desaparecer algo de lo que contenían las cestas.—Mañana, si quieres, estás convidada á un poco de torta caliente. Ea, sentémonos, y á comer.
El fraile, llamando á su perrillo, le decía:
—Basta, hijo, no ladres tanto, ni lo tomes tan á pechos, que vas á quedarte ronco. Guarda ese arrojo para mañana: por hoy, no hay en qué emplearlo, pues si no me engaño van á toda prisa á guarecerse detrás de sus parapetos.
En efecto: la escaramuza de los de San José había concluído, y por el momento no teníamos franceses á la vista. Un rato después sonó de nuevo la guitarra, y regresando las mujeres, comenzaron los dulces vaivenes de la jota con Manuela Sancho y el gran Pirli en primera línea.
[X]
Cuando desperté al amanecer del siguiente día, ví á Montoria, que se paseaba por la muralla.
—Creo que va á empezar el bombardeo—me dijo.—Se nota gran movimiento en la línea enemiga.
—Empezarán por batir este reducto—indiqué yo, levantándome con pereza.—¡Qué feo está el cielo, Agustín! El día amanece muy triste.
—Creo que atacarán por todas partes á la vez, pues tienen hecha su segunda paralela. Ya sabes que Napoleón, hallándose en París, al saber la resistencia de esta ciudad en el primer sitio, se puso furioso contra Lefebvre Desnouettes porque había embestido la plaza por el Portillo y la Aljafería. Luego pidió un plano de Zaragoza; se lo dieron, é indicó que la ciudad debía ser atacada por Santa Engracia.