Cuando desapareció, dijo Montoria:

—Es ésta, á lo que parece, la hija del tío Candiola. A fe que es bonita, y no parece hija de aquel lobo... Dios me perdone el mote. De aquel buen hombre, quise decir.

—Es guapilla—afirmó el fraile.—Pero se me figura que es una buena pieza. De la madera del tío Candiola no puede salir un buen santo.

—No se habla mal del prójimo,—dijo Don José.

—Candiola no es prójimo. La muchacha, desde que se quedaron sin casa, no abandona la compañía de los soldados.

—Estará entre ellos para asistir á heridos.

—Puede ser; pero me parece que le gustan más los sanos y robustos. Su carilla graciosa está diciendo que allí no hay pizca de vergüenza.

—¡Lengua de escorpión!

—Pura verdad—añadió el fraile.—Bien dicen que de tal palo, tal astilla. ¿No aseguran que su madre la Pepa Rincón fué mujer pública ó poco menos?