Y sucedió que en el mismo instante, entra los soldados que allí estaban reunidos, empezó á cundir un murmullo rencoroso que indicaba sentimientos muy hostiles contra el padre de Mariquilla, lo cual, atendidos los antecedentes de aquél, no tenía nada de particular. El quiso huir, viéndose empujado de un lado para otro; mas le detuvieron, y sin saber cómo, en un rápido movimiento del grupo amenazador, fué llevado al claustro. Entonces una voz dijo con colérico acento:
—Al pozo; arrojarle al pozo.
Candiola fué asido por varias manos, y magullado, roto y descosido más de lo que estaba.
—Es de los que andan repartiendo dinero para que la tropa se rinda,—dijo uno.
—Sí, sí—gritaron otros.—Ayer decían que andaba en el Mercado repartiendo dinero.
—Señores—decía el infeliz con voz ahogada,—yo les juro á ustedes que jamás he repartido dinero.
Y así era la verdad.
—Anoche dicen que le vieron traspasar la línea y meterse en el campo francés.
—De donde volvió por la mañana. ¡Al pozo con él!
Otro amigo y yo forcejeamos un rato por salvar á Candiola de una muerte segura; pero no lo pudimos conseguir sino á fuerza de ruegos y persuasiones, diciendo: