—No sabemos sino que le afusilaron al padre.

—¿Por qué?

—Por capitán de bandoleros.

—Eso no es verdad. Decidme otra cosa. ¿Las dos monjas franqueaban libremente las líneas facciosas?

—Sí, señor; porque como iban pidiendo limosna, so color de la santa religión, mandó el buen general que no les hicieran daño. Pero en la partida de Lucus se descubrió el enredo de esas bribonas, y las desnudaron para emplumarlas y no sé qué..., resultando que, vistas sin ropa, las dos eran hembras.

—¡Caramba!... ¿Y esos miserables se atreverían...?

—Señor, el soldado no repara..., por eso es soldado; que si reparara, no lo sería.

Después de apoyar esta sentencia con conceptos que en distinta forma venían a decir lo mismo, otro de los pastores aseguró que salvó a las monjas de un agravio seguro la repentina llegada de la columna cristina del general Méndez Vigo. Batido rápidamente Lucus y dispersa su gente, las tropas de Mina les quitó seis caballos y las dos monjas.

—Que llevarían inmediatamente a Pamplona.

—A dónde las llevaron no sabemos, ni lo que hicieron con ellas tampoco; mas pa mí tengo que no harían nada bueno.