Así el autor de los Ejercicios ha sabido llenar este importante punto filosófico, demostrando cómo las facultades del alma influyen en las operaciones humanas.
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Estos razonamientos nos hacen comprender las miras elevadas de nuestro Escritor filósofo. Las concepciones que, si bien ocasionadas por los hechos exteriores, aspiran a lo infinito, muestran, a su vez, que el hombre participa, en algún modo, de la naturaleza divina de su Creador, puesto que las especulaciones más sublimes de la Filosofía coinciden en este punto con las verdades reveladas: hagamos al hombre a nuestra imagen y semejanza: fatiamus hominein ad imaginem et similitudinem nostram; y la razón humana, después de divagar en el vasto campo de las suposiciones, después de querer rebajarse a la condición de los brutos, viene, al cabo, a reconocer la verdad más importante de todas las verdades, encerrada en esas sencillas palabras del Génesis.
Por eso Bacon llegó a decir que “era menester atender las facultades del entendimiento y hacerse apto para penetrar en las
TRES ÉPOCAS DE SAN IGNACIO
JOVEN GUERRERO; HERIDO EN LAS MURALLAS DE PAMPLONA Y GENERAL DE LA COMPAÑÍA
obscuridades de la naturaleza y caminar por sus más escarpadas sendas... Porque, si las ideas son vagas y mal concebidas, todo el edificio de nuestra inteligencia se desmorona”[226], y el célebre lord Verulamio sostenía que “la especie de culto idolátrico que suelen los hombres tributar a su inteligencia, hace que abandonen la contemplación y el estudio de la Naturaleza, para envolverse de algún modo en sus propias meditaciones y en las ficciones de su espíritu[227]; mas, para adquirir los conocimientos humanos, es preciso “separarse totalmente de la vida seguida hasta ahora... abandonar las teorías, opiniones e ideas recibidas, y que la inteligencia, libre y como una tabla rasa, comience el estudio de los hechos particulares”[228].