La armonía de conjunto, si en todo libro es de desear, en unos es más necesaria que en otros. La obra, de carácter puramente literario, en que ante todo ha de atenderse a producir en el lector una profunda impresión de belleza, quedará siempre estropeada si en su composición no se atiende escrupulosamente a darle ese aspecto armonioso y elegante del conjunto.

Cuando el libro, aunque literario, ya no es de literatura pura, sino que tiene derivaciones o veleidades críticas, filosóficas o eruditas—sobre todo eruditas—, ya podemos perdonar un poco la armonía en gracia a otras cosas más importantes.

En honor a la verdad, no puede decirse que los señores Marcos y Ortega se hayan cuidado de ello extraordinariamente al escribir su obra sobre Francisco de Valles, médico de Felipe II, llamado por su saber el Divino y autor de muchas e interesantes obras de Medicina y Filosofía, entre las que descuella el notabilísimo tratado De sacra Philosophia. No se han cuidado grandemente de esto de la armonía; pero en cambio han conseguido darnos un trabajo completísimo tanto en la parte biográfica de Valles como en el estudio del medio universitario en que se formó y desarrolló parte de sus actividades, como en la exposición y análisis de sus doctrinas.

En estos tres aspectos, esenciales en todo trabajo del género a que pertenece el de los señores Marcos y Ortega, han hecho lo necesario para darnos una obra seria, documentada y clara. Han aportado a la biografía de Valles datos nuevos y desconocidos y han publicado por primera vez algunos documentos que hasta ahora permanecían desconocidos o conocidos sólo de algún ratón de biblioteca. Y en la exposición y análisis de las doctrinas del biografiado han atendido especialmente a la claridad, como es lógico en esta clase de trabajos destinados a la vulgarización, y como, desgraciadamente, no se practica mas que por muy pocos, pues es sabido que los que se dedican a estas cosas de la Filosofía se consideran siempre en el caso—para darse importancia—de procurar que nadie los entienda.

Fantasio.”

El Correo Español:

“Dos notables periodistas, Eusebio Ortega y Benjamín Marcos, han dado comienzo a una tarea meritoria, digna de loa y altamente simpática, por la que les acompaña nuestro más sincero aplauso.

Hoy, que en Literatura se abre campo, cada día más, lo superficial, lo frívolo, lo poco documentado; cuando apenas nada se estudia intensa y extensamente, sino que los que trabajan en las letras diríase que lo hacen, en su mayoría, para el cultivo tan sólo de la extravagancia, adquiriendo desarrollo extraordinario la afición a las cosas extranjeras, vienen dos jóvenes, ya dedicados de lleno al periodismo, y honrando por tal a la clase, a vindicar las glorias nacionales que abundan en el campo científico-filosófico.

La intención de tan ilustradísimos compañeros no puede ser más sana. Quieren recordar las grandes figuras españolas que se han dedicado a estudios de Filosofía, y con ello han de prestar un servicio especial a las letras patrias. Nuestros compatriotas, siguiendo corrientes de frivolidad, contaminados con las teorías y doctrinas de los alemanes y franceses, han olvidado que en España contamos con recursos propios, con filósofos que nada tienen que envidiar a los de otras naciones, y que no necesitamos acudir al Extranjero los que contamos con figuras de tan gran relieve como Séneca y Prudencio, en la España romana; Maimónides y Averroes, en la de los árabes; Raimundo Lulio y Alfonso X, Servet y Valles, Suárez y el Brocense, Hervás Panduro y Balmes, entre los cristianos.