A la sección bibliográfica no tenemos reparo que oponer.

Nos ha parecido abundante, aquilatada y perspicua.

Biografía apenas tuvo Valles, feliz, si los hombres que no tienen historia lo son como los pueblos.

Una innovación introducen los jóvenes escritores en el nombre del Divino, al cual quitan el acento de la e, queriendo persuadirnos de que se pronuncia Valles y no Vallés, cual hasta el presente se juzgaba y decía.

El argumento en que se fundan... ¡no prueba!

Dicen que en la partida de bautismo no está acentuado el apellido. ¡Tampoco está acentuada la a de sábado, pues se escribe en dicho documento: sabado!

¡Medradas estaban de ortografía las partidas de bautismo del siglo XVI!

Además, que antiguamente no se acentuaba ninguna palabra aguda acabada en consonante; sólo a mediados del siglo XIX se hizo la excepción de que se acentuaran las agudas concluídas en las consonantes n y s.

Lo más débil de todo el volumen se nos figura... la Introducción del Sr. Bonilla San Martín, tan repleta de erudición indigesta y fácil, como falta de sentido filosófico y de profundidad y novedad; y... el prólogo de los coleccionadores, en el que tropezamos con distracciones de positiva importancia. Pudieron excusarse. Porque para los propósitos de la Biblioteca, no eran imprescindibles las disquisiciones de carácter general a que se entregan los señores Marcos y Ortega.

Mas, lo repetimos, el pensamiento orientador es nobilísimo, y la ejecución en el primer paso, acertada... en lo principal, que es lo que importa conforme al perínclito alcalde de Zalamea.