No pudisteis, en verdad, discurrir medio más eficaz de ayudar a la clase obrera, expuesta en estos tiempos a tantos peligros. Porque llamando sus almas a la consideración de las verdades eternas, y convenciéndolos de que para bienes más altos y más gloriosos nacieron, que no para los muy bajos y caducos de la presente vida, se les fortalecerá en la conciencia de sus respectivos deberes, y los que ocupan inferior posición social no se dejarán tan fácilmente engañar por la seducción socialista que reduce toda la felicidad del hombre a los limitados goces de su terrena existencia, etc.

APÉNDICE IV

DOS CARTAS MUY INTERESANTES

No hemos podido resistir a la tentación de publicar aquí dos cartas cruzadas entre dos amigos (personajes ambos), en la que el firmante, hablando por experiencia propia, expone su firme creencia de que debe su conversión a haber hecho los Ejercicios, y, en su virtud, aconseja a un su amigo, un algo empecatado y un mucho disipado, a que los haga también, confiado en que cambiará de vida y se salvará.

Bien desearíamos que, al verse sorprendidos con la publicación de estas cartas se sintiera tocado el último de la gracia de Dios, y, creyendo que todos estos signos son aldabonazos que Nuestro Señor da en su corazón, hiciera los Ejercicios, siquiera fuese para complacer a su entrañable amigo, que tanto se lo encarece, pues confiamos en que lo demás lo harían el Espíritu Santo y San Ignacio.

He aquí las cartas cuyo texto ninguno de los dos creen que poseo, aunque sí saben la conozco:

PRIMERA:

Mi querido P. L.: De todas las satisfacciones que he experimentado en este mundo (placeres, riquezas, negocios, morada-palacio, consideración general, etcétera, etcétera), una de las más íntimas, duraderas y que mayor consuelo me ha proporcionado siempre, ha sido la de hacer el bien, en todo su extenso campo de acción; y cuando he logrado, o espero lograr la vuelta al redil de una oveja descarriada; cuando consigo llevar, siquiera sea en la proporción de un grano de arena la tranquilidad al espíritu o la esperanza de obtenerla al que la sufre; cuando, en fin, confío y espero salvar a un hermano, a un amigo a quien quiero por deber de cristiano y por inclinación natural de simpatía y afecto, entonces, créeme, siento una alegría tan grande, que no la puedo expresar.