Por último, aduciremos el testimonio del actual Pontífice, que siendo prefecto de la Biblioteca Vaticana publicó la gran obra titulada “San Carlos Borromeo nel terzo centenario de la canonizzazione”, de la que hizo una traducción al francés el P. Watrigant, S. J.[45], y en ella dice el cardenal Ratti lo siguiente: “Bien puede decirse que San Carlos debió su conversión a la práctica de los Ejercicios Espirituales, y todos sus biógrafos están conformes en atestiguar que el Santo tenía la piadosa costumbre de practicar los Ejercicios, no una, sino dos veces al año, y estos ejercicios los hacía siguiendo fielmente el método de San Ignacio, sin que se pueda dudar de esto, ya que le dirigió en ellos el P. Ribera, de la Compañía de Jesús”[46].

Más adelante extracta de las cartas inéditas de San Carlos al cardenal Paleotti lo siguiente:

“Por lo que respecta a los ejercicios espirituales que hacen los ordenandos antes de recibir las Ordenes Sagradas, el tiempo determinado por el visitador apostólico y nuestro Concilio provincial era de un mes, aproximadamente; pero, en la práctica, era de unos quince días... Después, en cuanto a la forma, se intentó imitar a los padres jesuítas y tomar algunas de sus reglas, las cuales todavía tienen una cierta forma del Padre Ignacio, impresa en aquel librito que a Vuestra Señoría Ilustrísima debe ser conocidísimo. Pero de ello, seguramente, tendrá pleno conocimiento”[47].

Más adelante añade: “También, después de su conversión, San Carlos se complacía en tomar por guía en sus ejercicios espirituales a los hijos de aquel que había sido el providencial inventor”[48].

Y transcritas las cartas inéditas del mismo San Carlos, el cardenal Pallotti extracta lo siguiente: “El prudentísimo Carlos se había hecho un maestro no sólo en practicar los ejercicios, sino en darlos, y se le agregó al directorio formado para esto. De tal directorio es el ilustrísimo Ratti el primero en dar la noticia, y para formar este directorio se valió San Carlos de aquellas notas que Ignacio tomó de muchos libros y las puso en el suyo, las cuales no cabe duda que tienen gran mérito para este directorio”.

A este propósito dice el cardenal Ratti:

“Nuestro San Carlos dirigió la mano y la vista de aquel primer directorio ignaciano, y, recogiendo los dispersos elementos y coordinándolos e iluminándolos a veces con títulos y didascalias, llegó a componer un cuerpo solo. Coincidiendo con el título que la misma mano de San Carlos escribiera a la cabeza del Código, hallamos recogidos todos, y solamente aquellos signos, aquellas reglas y notas que se refieren al oficio y la labor del director, y omite todos los demás. Los diversos textos están tomados y transcritos textualmente del volumen”: Exercitia spiritualia a R. admodum in Christo Patre Nostro M. Ignatio de Loyola, Societatis Jesu, institutore. et. primo, generali, praeposito auctore. Vianae Austriae in aedibus Caesareicollegii dictae Societatis. Ano Domini 1563[49].

Habla después el cardenal Ratti de otro manuscrito encontrado, del cual hace un nuevo argumento sobre el juicio anterior, diciendo:

“De ahí el amor y el estudio que él (San Carlos) había hecho de los ejercicios de San Ignacio, y el método a que se sometía su aplicación. Por lo demás, era bien natural, por no decir felizmente inevitable, que tal ocurriese. Un libro como los Ejercicios, de San Ignacio, que casi de repente se afirmó e impuso como el más sabio y universal código de gobierno espiritual de las almas, surgiendo inagotablemente de la piedad más profunda, a la vez que más sólida, que era estímulo irresistible y guía segurísima para las conversiones y para la más alta espiritualidad y percepciones; un libro así no podía dejarse de colocarse en primera fila entre los predilectos de nuestro Santo, en el cual revelaba el genio característico, sus más nobles aspiraciones, y, en una palabra, todo un espíritu”[50].

Y, para dar término a tan valiosos testimonios, habremos de aportar como broche de oro, el Breve, publicado por el ya Pontífice Pío XI (antes cardenal Ratti), en el que declara a San Ignacio de Loyola patrono de los Ejercicios Espirituales, fuente y perfección, y que tantas almas han ganado a Cristo de los que de Él vivían alejados y a otros les ha hecho subir a las cumbres de la Santidad: