“Dado en Roma y en San Pedro el año del Señor 1922, el día 25 del mes de julio, en el año primero de Nuestro Pontificado.

“Pío XI.”

DE LAS FUENTES DE LOS “EJERCICIOS”

No podemos sustraernos a tratar de esta importante cuestión, ya que son muchos los autores que divagan sobre el particular.

De dos clases pueden considerarse las fuentes de donde tomó San Ignacio la doctrina y las materias que incluyó en su libro: las internas y las externas.

En cuanto a las primeras, no cabe dudar que fueron la inspiración de Dios, la unción del Espíritu Santo, al decir del Padre Polanco, de la lectura de la Sagrada Escritura y de una intensa, aunque corta, vida espiritual, según el Papa Paulo III[54].

Por lo que hace a las segundas, recogeremos las opiniones más autorizadas, a fin de no errar en cuestión tan importante.

El P. Yepes afirma lo siguiente: “Comunicóle los Ejercicios que escribió Fray García de Cisneros, y éstos llevó consigo el Padre Ignacio a Manresa; en ellos se ejercitaba los primeros años de su conversión, y éstos enseñaba a los que al principio le comunicaban, y destos se aprovechó en los años de adelante, cuando habiendo oído arte y Teología compuso aquel tan docto y provechoso de los Ejercicios[55].

Y más adelante dice: “Después, cuando ya vino a ser hombre perfecto y consumado, docto en artes y Teología, hombre de grande espíritu, poderoso en obras, palabras y escritos, puso, quitó y añadió muchas cosas en el Ejercitatorio que le habían dado en Monserrate, y acomodóle a su instinto y modo de vivir con que hizo tanto provecho en el mundo, y con sus hijos y discípulos hacen tan extraordinarios efectos”.

El propio Santo dice que en Manresa recibió grandes beneficios de Dios.