Por lo que hace al genio de las conquistas científicas, vemos que extralimita los rangos todos y sale de todas las clases sociales: y Gutemberg inventa la imprenta; Shoeffer y Fust, le secundan, y, como si en este siglo quisieran brotar todos los prodigios, surcan los mares en busca de nuevos continentes intrépidos navegantes, como Bartolomé Díaz, que arriba al cabo de Buena Esperanza; Cristóbal Colón, que descubre América; Vasco de Gama, que franquea el camino de las Indias orientales; Magallanes emprende el primer viaje alrededor del Mundo; Pizarro penetra en el Perú, y los portugueses, en el Brasil, y Americo Vespucio transmite su nombre a regiones que no descubriera.
Además de estos grandes hombres, aparecen también El Dante, el Petrarca y Bocaccio, de un lado; de otro, Cristino de Pissan, Alain Chartier, Chaucer, Monstrelet y Villon; por aquí, Teodoro de Gaza, Ambrosio Camaldula, Jorge de Trebisonda y Lorenzo Valla; por allá, Brunelleschi, Veugbeg, príncipe de Samarkand, Ghiberto y Donatello, arquitecto, astrónomo y escultores. respectivamente.
Kempis lega al mundo cristiano la Imitación de Cristo; Maso inventa el arte del estampado; Chalcondyle historia la guerra de Turquía con Atenas, su patria; Montreal escribe Matemáticas; Alejandro de Imola, Littleton, Fortesme y Cuyas resucitan la Jurisprudencia; Bessarion, Juvenal de los Ursinos y Felipe de Commines se hacen historiadores; Angel Policiano, Bárbaro y Mérula estudian y transmiten a Europa las lenguas antiguas; Juan Miguel de Angers, Guarini y los dos Strozzi se revelan como poetas; Leonardo de Vinci funda, en Florencia, la Escuela de Pintur; el Giorgine, la de Venecia, y la alemana Alberto Durer; Maquiavelo da sus lecciones a los príncipes, etc., etc.
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Con todo esto, la Iglesia ve que contra ella surgen multitud de adversarios, y unos marcharán armados, dispuestos a destruírla; otros, con la palabra y la pluma, que son más poderosas que la espada y el cañón.
Pero nada importa; porque cuando estas legiones de enemigos, brotadas en todos los pueblos y salidas de ellos como asociadas para asestar contra ella sus tiros, permanecerá impávida, impertérrita, segura de que se cumplirá la profecía de su Divino Fundador: et portae inferi non prae, valebunt; las puertas del averno serán impotentes contra ella[91].
Cierto que se batirán contra ella e
CASA DE LOYOLA