Por eso dice Cicerón: “¡Oh, Filosofía, tú eres la que guías al hombre por esta vida, la que le induces a la virtud y que expulse sus vicios! ¡Qué sería la vida de los hombres sin ti! Tú diste a luz a los pueblos; tú reuniste a los hombres, que andaban desperdigados, en familia y sociedad, en las aulas, en todas partes y en una comunión íntima; tú fuiste la inventora de las leyes; tú fuiste, en fin, la maestra de las costumbres y de las disciplinas”[97].
Así, pues, según el dictamen de Pitágoras, es filósofo aquel que se impone la misión de reflexionar acerca de lo que los demás hombres se contentan con sentir.
Maine Birau dice que “es filósofo aquel que pretende conocer lo que existe fuera de los fenómenos, las causas y las sustancias”[98].
Cousin afirma que “la Filosofía comienza en el momento que el hombre prueba a darse cuenta de sus ideas, y que, en realidad, todas las verdades le pertenecen”[99].
Cicerón la define: La ciencia de los principios y de las cosas divinos y humanos y sus causas[100].
La Filosofía es la razón examinando, dice Balmes[101].
Cree Lamennais que la Filosofía tiene sus raíces en nuestra naturaleza..., que es el ejercicio de la razón; la actividad de la mente aplicada a la investigación de las causas por cuyo medio pueden ser conocidos los fenómenos”[102].
Y, en otro lugar, dice el propio autor: “Después que el hombre interrogó a la naturaleza sobre el secreto de sus operaciones y de sus leyes y trató de descubrir las de su propio individuo, puede asegurarse que existió la Filosofía... inseparable de la mente; por eso es en el mundo de los espíritus lo que el movimiento en el de los cuerpos”.
Proudhon mismo opina que “la Filosofía es el camino de la ciencia, el espejo de la virtud y el antídoto de la superstición, pues enseña la lógica, la moral y la historia”[103].
Los dogmatistas, en fin, enseñan que “la Filosofía es la investigación de los principios primeros”[104].