De este modo nos demuestra, además, cómo una criatura imperfecta presiente y aspira a la perfección y da lugar a que el ingenio la embellezca, aproximándonosla al fin que ella, por sí propia, se inclina: “Así el poder que hay en mí, corto y limitado, es participación de un poder infinito, mi justicia de su justicia y lo mismo mi bondad, misericordia y demás.”
De esta verdad tan importante me serviré ahora y siempre para hacer escala de las perfecciones creadas y subir, por ellas, a la contemplación de las divinas... para amar a Dios como Bien sumo y por sí mismo[132].
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Son las verdades psicológicas como el vehículo que conduce a la mente humana por los derroteros de la verdad, pues establecen una gradación entre sí para llegar a un término: el raciocinio.
Porque así como no puede haber efecto sin causa, así tampoco puede llegarse al raciocinio sin que hayan precedido la razón, la reflexión, la comparación, el juicio, y se hayan desarrollado todas con entera libertad.
Cree Laromiguière[133] que con la atención, que sirve para adquirir ideas exactas de las cosas con la comparación, que descubre las relaciones, y con el raciocinio, que ya nos eleva a los principios, hay lo suficiente para darse cumplida cuenta de todas las obras de la mente humana.
Así vemos que Benjamín Constant tuvo motivo bastante para establecer como un principio inconcuso que el sentimiento religioso es inherente al corazón humano, con sólo observar y conocer las costumbres de varios pueblos antiguos y modernos y parangonar unos con otros.
Y es que la idea es un verdadero juicio, puesto que nace de una relación de distinción.
Cardaillac opina que la idea ha sido formada por el juicio; mas a éste ha precedido la comparación, que, al decir de Damiron, es una cosa muy sencilla, puesto que no es sino poner unos objetos junto a otros, viendo sus semejanzas o diferencias y así quedan comparados, formándose después el juicio que cada uno le merezca, bien entendido que a estas operaciones han de asistir la razón y la reflexión para que lleven toda la cohorte de seguridades y conduzcan al verdadero enjuiciamiento libre y natural, como acto humano que es.
Por las verdades psicológicas se ve, pues, cómo la mente, al ir analizando todas las cosas que se hallan fuera de sí, va desenvolviendo esas madejas que habremos de llamar razonamientos, hasta dar con el verdadero y definitivo juicio de todos y cada uno de los actos del hombre.