La abstracción, en fin, lejos de creer que es origen de confusiones, de obscuridad y de rodeos; es fuente de luz, espejo de claridad, modelo de rectitud y principio necesario para suplir lo que falta a la mente de extensión y capacidad.
El fin que con esto nos proponemos es averiguar los medios de conocer qué debimos al Creador; por tanto, cuantas investigaciones en este sentido realicemos traeránnos gran provecho.
La experiencia nos demuestra que es tan difícil la función de la abstracción, que ha sido concedida a muy pocos; y es que los grandes talentos que han dejado las inequívocas señales de su saber en la Historia, no ocuparían muchas páginas; porque esos talentos privilegiados, unas veces por lo limitado de la vida, por la escasa duración de las facultades humanas otras, sólo pudieron observar (abstraer) un escaso número de los fenómenos que explicaron.
Para mejor conocer estos hechos, sería menester reproducir aquí la historia completa de la formación de los conocimientos humanos, trazar una enciclopedia, en que se viese siempre el ser inteligente, adivinar la ley general de que sólo pudieron ver algunos hechos.
El genio consiste, a nuestro juicio, en aquella facultad poderosa y especial de elevarse de lo particular a lo general; porque, si todos pueden observar, si todos pueden hacer abstracciones, son muy pocos los que aciertan a consignar los efectos visibles a las causas de que dimanan.
Quien observa a un individuo, y, por la expresión de su semblante, conoce el estado de su ánimo, es que ve en aquel fenómeno particular la reproducción de la ley general que él conocía o bien la descubre entonces.
El genio adivina siempre la ley que se presenta con las apariencias de los fenómenos.
San Ignacio de Loyola nos demuestra este don de la abstracción, para exponer, con mayor claridad, todas aquellas doctrinas que nos presenta en su hermoso libro.
Porque, ¿quién no ve, cuando nos habla del fin del hombre, hacer abstracción de toda la grandeza que encierra la Creación, de todo el poder y amor de Dios para con los hombres, para ponernos en claro que, siendo Él nuestro criador, es también nuestro único fin?
¿Quién no admira ese don de abstracción al tratar del fin de las criaturas, en el que nos pone de manifiesto cómo hízolas todas primero, y cuando ya estaba el mundo lleno y provisto de tantas como son y tan diferentes, útiles y hermosas, crió al hombre y le dió de todas el señorío[139], para probarnos cómo todas nos están diciendo que existe Dios, descubren sus perfecciones, poder, sabiduría, bondad y providencia?