E igualmente quiso unir las inteligencias, como había unido los corazones, de lo que se deduce que el designio de la Providencia fué que el linaje humano formase una sola familia, unida por los vínculos de la fraternidad: ecce quam bonum et quan jucundum habitare fratres in unum, y a manera que los pueblos caminan por la senda del progreso y de la cultura, se aumenta la necesidad de valerse unos a otros.

Nos enseña el Santo Evangelio que todos somos hijos de un mismo Padre y que en el amor que nos profesamos unos a otros está el cumplimiento de la Ley que nuestro Padre celestial vino a enseñarnos; y como la luz de la inteligencia proviene de Dios, no puede conducirnos a términos distintos de aquel que el mismo Dios reveló a los hombres.

La razón nos dice también que la caridad cristiana es el grado supremo de la perfectibilidad humana.

San Pablo dice: “Aunque posea todas las riquezas de la tierra, si no poseo la caridad, nada soy.”

Por eso dice un notable escritor que tan cierto es que el verdadero saber y la religión no están reñidos, que el mayor progreso del entendimiento es acercarse a cumplir los preceptos evangélicos.

Y Bacon dice: “La poca filosofía aparta del ánimo la religión; la mucha filosofía hace que a ella nos acerquemos.

Y esto lo vemos confirmado en nuestro Santo filósofo.

Mientras careció de intuición filosófica, su vida caminó por derroteros bien distintos y separado de la Religión por sus pasiones y sus vicios; mas cuando fué penetrando por su inteligencia la luz viva de la Filosofía moral, entonces caminó bien de prisa, y sobre seguro, por la senda del bien, guiado por la antorcha de la fe, símbolo de la Religión, y así llegó no sólo a comprender, sí que también a transmitir aquellas verdades psicológicas y morales que son como las fuentes de la felicidad humana, puesto que, sentada como base de vida la virtud y el bien, fácilmente se llega a la consecución del medio ideal cristiano y del anhelo exclusivo de conquistar el Reino de Dios.

Porque son siervos de Dios y siguen a Cristo, los que, por parecerse más a Él, siendo igual gloria de Dios, eligen antes pobreza que riqueza, trabajos y penas, que descanso, deshonras y desprecios, que honores, etc., y tienen el corazón totalmente desprendido de todas las cosas del mundo, por amar y parecerse más a Jesús[145].

Y estas verdades, que ha transmitido de generación en generación, y de pueblo en pueblo, no han sido acogidas por todos aquéllos con gran complacencia, sin que hayan padecido los progresos de la civilización, sino que, por el contrario, muchos de éstos se han robustecido y afianzado por ir precedidos sus defensores de esta pátina de Religión cristiana, que es como una salvaguardia y un gran baluarte para resistir los embates de las contrariedades.