SAN IGNACIO CON SAN FRANCISCO XAVIER EN LOS CLAUSTROS DE LA UNIVERSIDAD DE PARÍS, DICIÉNDOLE: «¿QUÉ APROVECHA AL HOMBRE GANAR TODO EL MUNDO SI PIERDE SU ALMA?»

Nuestro Fundador supo hacer compatible la doctrina de sus Ejercicios con todos los progresos de la Ciencia y de la civilización, puesto que subsisten integérrimas, puras, impolutas, frescas y fortificantes, cual las aguas cristalinas de la fuente de la gruta de Manresa, y a ellas han de acudir para apagar su sed todos los hombres que quieran poseer la verdad y quieran seguir por el camino del bien, que es el único progreso digno de adquirirse, de seguirse y de poseerse, porque, al decir del Apóstol, quid prodest homini mundum universum lucretur anima, vero, grave detrimnetum patiatur?; ¿qué aprovecha al hombre haber conquistado todo el mundo, si pierde su alma? El Eclesiastés ya ha dicho lo bastante: Vanitas vanitatum et omnia vanitas, nisi servire Deum[146]: Vanidad de vanidades, y todo vanidad, excepto el servir a Dios; sentencias que han cruzado los espacios y han llegado a todos los oídos, sin que los progresos de la civilización hayan logrado desmentirlas ni sustituírlas por otras más verdaderas, más racionales, más fuertes.

Terminemos, pues, con palabras de Balmes: “La Filosofía no muere, ni se debilita por estar a la sombra de la Religión; antes bien, se vivifica y fortalece... Salvo los grandes principios, que no pueden negarse ni en Religión ni en Filosofía, so pena de degradar la naturaleza humana, ¿en qué coarta la fe el vuelo de la inteligencia... Jamás entre los antiguos se elevó la Filosofía al alto grado a que ha llegado después de la aparición del Cristianismo..., y es que en las regiones de la metafísica y de la moral, el espíritu humano se muestra tanto más poderoso cuanto más participa de la influencia del Cristianismo.”[147].

CAPÍTULO III

De la Filosofía escolástica en los «Ejercicios Espirituales».—Errores de otros filósofos que se refutan.—Las facultades en las operaciones humanas.—San Ignacio frente a los filósofos materialistas.—La fe y la razón, antorchas de la verdad cristiana.

Al referirnos, en este capítulo, a la Filosofía escolástica de los Ejercicios, no es para estudiar concretamente aquel sistema que dominó a Europa durante cuatro siglos, y que tuvo varias ramificaciones, sino las distintas escuelas filosóficas; porque sin tener ideas claras y exactas de ellas, no es fácil entender a muchos de nuestros escritores, ni compenetrarnos con ellos.

Sabido es que nuestro Santo, como varios ilustres doctores de la Iglesia, aun distinguiéndose por su saber en materias filosóficas, puede decirse que no fundó ninguna escuela, puesto que tampoco lo había intentado, como no intentó crear un sistema filosófico.