Excita y dirige la reflexión del ejercitante hasta conducirle a la verdad deseada y procura herir el amor propio, para que, conociendo su pequeñez y su maldad, reciba el don de la gracia, que es la verdadera doctrina y experimente la complacencia de ver cómo se ilumina su mente y su corazón con la luz de la sabiduría increada.

¿Quién podrá conocer tu malicia? Para eso sería necesario saber lo que Dios es. Dios es Dios[177].

Párate un poco a considerarlo y temblarás sólo de ponerlo en boca su santo nombre y de acordarte que le has ofendido[178].

Ahora lo conozco y, con toda el alma, deseo volver a Vos[179].

Y así como la Filosofía griega recibió en la escuela de Sócrates un impulso tan grande que la levantó a una altura a la que no había podido llegar ningún país; así San Ignacio, con sus Ejercicios, da al mundo católico un impulso, como casi lo había dado ningún Santo Padre, puesto que ningún libro (fuera de la Biblia y el Kempis) se han leído ni meditado tanto como éste, y, por consiguiente, ninguno ha producido tan grandes beneficios a la Iglesia, ni tanto provecho a las almas, ni tanta gloria a Dios.

Y si de la escuela del Maestro pasamos a su discípulo predilecto Platón, llamado (el Divino), veremos que San Ignacio tiene también puntos de contacto con aquél, quien sostenía la inmortalidad del alma, con calor y elocuencia[180], la sanción de la conciencia y de su origen divino, señalando premios y castigos en la vida futura, haciendo constar que nada existiría, nada sería ininteligible, nada posible, si no existiera Dios[181].

Porque si buscamos plenitud de ser, allí le encontraremos; si buscamos una inteligencia infinita. Él es; si buscamos unidad donde se halle el principio, origen y vínculo de todas las verdades, allí están.

La virtud no consiste en otra cosa que en imitar a Dios.

¿Y no encontramos en los Ejercicios todos estos temas desarrollados con una admirable claridad de exposición, con una expresión bien sencilla y con unos razonamientos inconfundibles e irrebatibles?

He aquí cómo se expresa al tratar de la sanción de la conciencia: