Para todas tuvo argumentos, a todas combatió y de todas salió victorioso, pues que su doctrina ha irradiado por doquier iluminando al mundo, a las inteligencias y moviendo a los corazones todos.

San Ignacio, más que con su ciencia, con su inspiración; más que con razonamientos, con su vida ejemplar y santa; más que con su pluma misma, con escribir al dictado de lo alto[196] nos presenta este gran monumento literario, religioso y filosófico, esta gran obra llamada Ejercicios Espirituales, con la que rebate valiente y certeramente el sensualismo de Hobbes y Locke, la moral independiente de Gassendo; el ateísmo de Condillac, Voltaire, de la Maitre, Diderot, Darwin y otros; el socialismo y panteísmo de Zola, Tolstoy y Gorki, así como el enciclopedismo y la indiferencia religiosa de nuestros tiempos.

Dijérase que, cual otro Elías, empuña su espada de fuego y con ella defiende la causa de Dios y arremete contra sus enemigos, o bien toma la de Saulo para, convertido en otro Apóstol, erigirse en capitán y mandar esa Compañía de Jesús que tanto se afana y trabaja para conseguir la mayor gloria de Dios[197].

*
* *

Como prueba inequívoca de su omnipotencia, de su sabiduría y de su amor, quiso Dios dotar al alma humana de otras tres potencias: memoria, entendimiento y voluntad, que, filosóficamente hablando, se denominan la sensibilidad externa, la imaginación; la sensibilidad interna o facultad del sentimiento y la inteligencia.

Aunque bien conocido de todos el alcance de estas facultades, creemos, sin embargo, conveniente dar una ligera idea de ellas para conocimiento de todos.

La sensibilidad externa es aquella que ejercitamos por medio de los cinco sentidos, es decir, que se extiende a todos nuestros actos externos.

Con la imaginación reproducimos en nuestro interior las impresiones de los sentidos, sin que éstos tengan dependencia alguna de aquéllos.

Por sensibilidad interna entendemos aquella delicadísima facultad que nos pone en relación directa con los objetos, bien que independientemente de la naturaleza particular de la sensación externa, de la imaginación y del conocimiento, es lo que llamamos vulgarmente sentimiento.

La inteligencia es la facultad de conocer las cosas[198].