É yendo por nuestro camino con el concierto que ya he dicho, vienen nuestros mensajeros que tenian presos que parece ser, como andaban revueltos en la guerra los indios que los tenian á cargo y guarda, se descuidaron, y de hecho, como eran amigos, los soltaron de las prisiones; y vinieron tan medrosos de lo que habian visto é oido, que no lo acertaban á decir; porque, segun dijeron, cuando estaban presos los amenazaban y decian:

—«Ahora hemos de matar á esos que llamais teules y comer sus carnes, y veremos si son tan esforzados como publicais, y tambien comeremos vuestras carnes, pues venis con traiciones y con embustes de aquel traidor de Montezuma.»

Y por más que les decian los mensajeros, que éramos contra los mejicanos, que á todos los tlascaltecas los teniamos por hermanos, no aprovechaban nada sus razones; y cuando Cortés y todos nosotros entendimos aquellas soberbias palabras, y cómo estaban de guerra, puesto que nos dió bien que pensar en ello dijimos todos:

—«Pues que así es, adelante en buen hora;» encomendándonos á Dios y nuestra bandera tendida, que llevaba el alférez Corral.

Porque ciertamente nos certificaron los indios del pueblezuelo donde dormimos, que habian de salir al camino á nos defender la entrada en Tlascala; y asimismo nos lo dijeron los de Cempoal, como dicho tengo.

Pues yendo desta manera que he dicho, siempre íbamos hablando cómo habian de entrar y salir los de á caballo á media rienda y las lanzas algo terciadas, y de tres en tres porque se ayudasen; é que cuando rompiésemos por los escuadrones, que llevasen las lanzas por las caras y no parasen á dar lanzadas, porque no les echasen mano dellas, y que si acaesciese que les echasen mano, que con toda fuerza tuviesen y debajo del brazo se ayudasen, y poniendo espuelas con la furia del caballo, se la tornarian á sacar ó llevarian al indio arrastrando.

Dirán ahora que para qué tanta diligencia sin ver contrarios guerreros que nos acometiesen. Á esto respondo, y digo que decia Cortés:

—«Mirá, señores compañeros, ya veis que somos pocos, hemos de estar siempre tan apercebidos y aparejados como si ahora viésemos venir los contrarios á pelear, y no solamente vellos venir, sino hacer cuenta que estamos ya en la batalla con ellos; y que, como acaece muchas veces que echan mano de la lanza, por eso hemos de estar avisados para el tal menester, así dello como de otras cosas que convienen en lo militar; que ya bien he entendido que en el pelear no tenemos necesidad de avisos, porque he conocido que por bien que yo lo quiera decir, lo haréis muy más animosamente.»

Y desta manera caminamos obra de dos leguas, y hallamos una fuerza bien fuerte hecha de cal y canto y de otro betun tan recio, que con picos de hierro era forzoso deshacerla, y hecha de tal manera, que para defensa era harto recia tomar; y detuvímonos á mirar en ella, y preguntó Cortés á los indios de Zocotlan que á qué fin tenian aquella fuerza de aquella manera; y dijeron que, como entre su señor Montezuma y los de Tlascala tenian guerras á la continua, que los tlascaltecas para defender mejor sus pueblos la habian hecho tan fuerte, porque ya aquella es su tierra; y reparamos un rato, y nos dió bien que pensar en ello y en la fortaleza.

Y Cortés dijo: