Dejemos desto, y diré cómo repartió Sandoval aquellas provincias y pueblos en nosotros, despues de las haber enviado á visitar é hacer la division de la tierra y ver las calidades de todas las poblaciones; y fueron las provincias que repartió lo que ahora diré.

Primeramente á Guacacualco, Guazpaltepeque é Tepeca é Crinanta é los zapotecas; é de la otra parte del rio la provincia de Copilco é Cimatan y Tabasco y las sierras de Cachula, todos los zoqueschas, Tacheapa é Cinacantan é todos los quilenes, y Papanachasta; y estos pueblos que he dicho teniamos todos los vecinos que en aquella villa quedamos poblados en repartimiento, que valiera más que allí yo no me quedara, segun despues sucedió, la tierra pobre y muchos pleitos que trujimos con tres villas que despues se poblaron: la una fué la villa rica de la Veracruz, sobre Guazpaltepeque y Chinanta y Tepeca; la otra con la villa de Tabasco, sobre Cimatan y Copilco; la otra con Chiapa, sobre los quilenes y zoques; la otra con Santo Ildefonso, sobre los zapotecas; porque todas estas villas se poblaron despues que nosotros poblamos á Guacacualco, y á nos dejar todos los términos que teniamos, fuéramos ricos; y la causa porque se poblaron estas villas que he dicho fué, que envió á mandar su majestad que todos los pueblos de indios más cercanos y en comarca de cada villa le señaló términos; por manera que de todas partes nos cortaron las faldas, y nos quedamos en blanco, y á esta causa el tiempo andando, se fué despoblando Guacacualco; y con haber sido la mejor poblacion y de generosos conquistadores que hubo en la Nueva-España, es ahora una villa de pocos vecinos.

Volvamos á nuestra relacion; y es, que estando Sandoval entendiendo en la poblacion de aquella villa y llamando otras provincias de paz, le vinieron cartas cómo habia entrado un navío en el rio de Aguayalco, que es puerto, aunque no bueno, que estaba de allí quince leguas, y en él venia de la isla de Cuba la señora doña Catalina Xuarez la Marcayda, que así tenia el sobrenombre, mujer que fué de Cortés, y la traia un su hermano Juan Xuarez, el vecino que fué, el tiempo andando, de Méjico, y la Zambrana y sus hijos de Villegas, de Méjico, y sus hijas, y aun la abuela y otras muchas señoras casadas; y aun me parece que entónces vino Elvira Lopez la Larga, mujer que entónces era de Juan de Palma; el cual Palma vino con nosotros, que murió ahorcado, que despues esta Elvira fué mujer de un Arguera; y tambien vino Antonio Dios Dado, el vecino que fué de Guatimala, y vinieron otros muchos que ya no se me acuerdan sus nombres.

Y como el Gonzalo de Sandoval lo alcanzó á saber, él en persona, con todos los más capitanes y soldados, fuimos por aquellas señoras y por todas las más que traia en su compañía.

É acuérdome que en aquella sazon llovió tanto, que no podiamos ir por los caminos ni pasar rios ni arroyos, porque venian muy crecidos, que salieron de madre y habia hecho grandes nortes, y con el mal tiempo, por no andar al través, entraron con el navío en aquel puerto de Aguayalco, y la señora doña Catalina Xuarez la Marcayda y toda su compañía se holgaron con nosotros: luego las trujimos á todas aquellas señoras y su compañía á nuestra villa de Guacacualco, y lo hizo saber el Sandoval muy en posta á Cortés de su venida, y las llevó luego camino de Méjico y fueron acompañándolas el mismo Sandoval y Briones y Francisco de Lugo y otros caballeros.

Y cuando Cortés lo supo, dijeron que le habia pesado mucho de su venida, puesto que no lo demostró y les mandó salir á recebir; y en todos los pueblos les hacian mucha honra hasta que llegaron á Méjico, y en aquella ciudad hubo regocijos y juego de cañas; y dende á obra de tres meses que hubieron llegado oimos decir que esta señora murió de asma.

Y digamos de lo que le acaeció á Villafuerte, el que fué á poblar á Zacatula, y á un Juan Álvarez Chico, que tambien fué á Colima; y al Villafuerte le dieron mucha guerra y le mataron ciertos soldados, y estaba la tierra levantada, que no les querian obedecer ni dar tributos, y al Juan Álvarez Chico ni más ni ménos; y como lo supo Cortés, le pesó dello: y como Cristóbal de Olí habia venido de lo de Mechoacan, y venia rico y la habia dejado en paz, y le pareció á Cortés que tenia buena mano para ir á asegurar y pacificar aquellas dos provincias de Zacatula y Colima, acordó de le enviar por capitan, y le dió quince de á caballo y treinta escopeteros y ballesteros; é yendo por su camino, ya que llegaba cabe Zacatula, le aguardaron los naturales de aquella provincia muy gentilmente á un mal paso, y le mataron dos soldados y le hirieron quince, é todavía les venció, y fué á la villa donde estaba Villafuerte con los vecinos que en ella estaban poblados, que no osaban ir á los pueblos que tenian en encomienda, porque no los acapillasen; y le habian muerto cuatro vecinos en sus mismos pueblos, porque comunmente en todas las provincias y villas que se pueblan, á las principales les dan encomenderos, y cuando les piden tributos se alzan y matan los españoles que pueden; pues cuando el Cristóbal de Olí vió que ya tenia apaciguada aquella provincia y le habian venido de paz, fué desde Zacatula á Colima, y hallóla de guerra, y tuvo con los naturales della ciertos reencuentros y le hirieron muchos soldados, y al fin los desbarató y quedaron de paz.

El Juan Álvarez Chico, que habia ido por capitan no sé qué se hizo dél; paréceme que murió en aquella guerra.

Pues como el Cristóbal de Olí hubo pacificado á Colima y le pareció que estaba de paz, como era casado con una portuguesa hermosa, que ya he dicho que se decia doña Felipa de Araujo, dió la vuelta para Méjico, y no se hubo bien vuelto, cuando se tornó á levantar lo de Colima y Zacatula; y en aquel instante habia llegado á Méjico Gonzalo de Sandoval con la señora doña Catalina Xuarez Marcayda y con el Juan Xuarez y todas sus compañías, como ya otra vez dicho tengo en el capítulo que dello habla; acordó Cortés de enviarle por capitan para apaciguar aquellas provincias y con muy pocos de á caballo que entónces le dió y obra de quince ballesteros y escopeteros, conquistadores viejos, fué á Colima y castigó á dos caciques, y tal maña se dió, que toda la tierra dejó muy de paz y nunca más se levantó, y se volvió por Zacatula é hizo lo mismo, y de presto se volvió á Méjico.

Y volvamos á Guacacualco, y digamos cómo luego que se partió Gonzalo de Sandoval para Méjico con la señora doña Catalina Xuarez se nos rebelaron todas las más provincias de las que estaban encomendadas á los vecinos, é tuvimos muy gran trabajo en las tornar á pacificar; y la primera que se levantó fué Xaltepeque, zapotecas, que estaban poblados en altas y malas sierras, y tras esto se levantó lo de Cimatan y Copilco, que estaban entre grandes rios y ciénagas, y se levantaron otras provincias, y aun hasta doce leguas de la villa hubo pueblos que mataron á su encomendero, y lo andábamos pacificando con muy grandes trabajos.