Pues más de llorar fué los caballos y esforzados soldados que faltaban; ¿qué es de Juan Velazquez de Leon, Francisco de Salcedo y Francisco de Morla, y un Lares el buen jinete, y otros muchos de los nuestros de Cortés? ¿Para qué cuento yo estos pocos? Porque para escribir los nombres de los muchos que de los nuestros faltaron, es no acabar tan presto.
Pues de los de Narvaez, todos los más en las puentes quedaron cargados de oro.
Digamos ahora, ¿qué es de muchos tlascaltecas que iban cargados de barras de oro, y otros que nos ayudaban? Pues al astrólogo Botello no le aprovechó su astrología, que tambien allí murió.
Volvamos á decir cómo quedaron muertos, así los hijos de Montezuma como los prisioneros que traiamos, y el Cacamatzin y otros reyezuelos.
Dejemos ya de contar tantos trabajos, y digamos cómo estábamos pensando en lo que por delante teniamos, y era que todos estábamos heridos, y no escaparon sino veinte y tres caballos.
Pues los tiros y artillería y pólvora no sacamos ninguna; las ballestas fueron pocas, y esas se remediaron luego, é hicimos saetas.
Pues lo peor de todo era que no sabiamos la voluntad que habiamos de hallar en nuestros amigos los de Tlascala.
Y demás desto, aquella noche, siempre cercados de mejicanos, y grita y vara y flecha, con hondas sobre nosotros, acordamos de nos salir de allí á media noche, y con los tlascaltecas, nuestros guias, por delante con muy gran concierto; llevábamos los muy heridos en el camino en medio, y los cojos con bordones, y algunos que no podian andar y estaban muy malos á ancas de caballos de los que iban cojos, que no eran para batallar, y los de á caballo sanos delante, y á un lado y á otro repartidos; y por este arte todos nosotros los que más sanos estábamos haciendo rostro y cara á los mejicanos, y los tlascaltecas que estaban heridos iban dentro en el cuerpo de nuestro escuadron, y los demás que estaban sanos hacian cara juntamente con nosotros; porque los mejicanos nos iban siempre picando con grandes voces y gritos y silbos, diciendo:
—«Allá ireis donde no quede ninguno de vosotros á vida.»
Y no entendiamos á qué fin lo decian, segun adelante verán.