Tambien quiero decir que con este Pedro Barba vino un Francisco Lopez, vecino y regidor que fué de Guatimala, y Cortés hacia mucha honra al Pedro Barba, y le hizo capitan de ballesteros, y dió nuevas que estaba otro navío chico en Cuba, que le queria enviar el Diego Velazquez con cazabi y bastimentos; el cual vino dende á ocho dias, y venia en él por capitan un hidalgo natural de Medina del Campo, que se decia Rodrigo Morejon de Lobera, y traia consigo ocho soldados y seis ballestas y mucho hilo para cuerdas, é una yegua; ni más ni ménos que habian prendido al Pedro Barba, ansí hicieron á este Rodrigo de Morejon, y luego fueron á Segura de la Frontera, y con todos ellos nos alegramos, y Cortés les hacia mucha honra y les daba cargos; y gracias á Dios, ya nos íbamos fortaleciendo con soldados y ballestas y dos ó tres caballos más.

Y dejallo he aquí, y volveré á decir lo que en Guacachula hacian los ejércitos mejicanos que estaban en frontera, y cómo los caciques de aquel pueblo vinieron secretamente á demandar favor á Cortés para echallos de allí.

CAPÍTULO CXXXII.

CÓMO LOS DE GUACACHULA VINIERON Á DEMANDAR FAVOR Á CORTÉS SOBRE QUE LOS EJÉRCITOS MEJICANOS LOS TRATABAN MAL Y LOS ROBABAN, Y LO QUE SOBRE ELLO SE HIZO.

Ya he dicho que Guatemuz, señor que nuevamente era alzado por Rey de Méjico, enviaba grandes guarniciones á sus fronteras; especial envió una muy poderosa y de mucha copia de guerreros á Guacachula, y otra á Ozucar, que estaba dos ó tres leguas de Guacachula; porque bien temió que por allí le habiamos de correr las tierras y pueblos sujetos á Méjico; y parece ser que, como envió tanta multitud de guerreros y como tenian nuevo señor, hacian muchos robos y fuerzas á los naturales de aquellos pueblos adonde estaban aposentados, y tantas, que no les podian sufrir los de aquella provincia, porque decian que les robaban las mantas y maíz y gallinas y joyas de oro, y sobre todo, las hijas y mujeres si eran hermosas, y que las forzaban delante de sus maridos y padres y parientes.

Como oyeron decir que los del pueblo de Cholula estaban todos muy de paz y sosegados despues que los mejicanos no estaban en él, y agora ansimesmo en lo de Tepeaca y Tecamachalco y Cochula, á esta causa vinieron cuatro principales muy secretamente de aquel pueblo, por mí otras veces nombrado, y dicen á Cortés que envie teules y caballos á quitar aquellos robos y agravios que les hacian los mejicanos, é que todos los de aquel pueblo y otros comarcanos nos ayudarian para que matásemos á los escuadrones mejicanos; y de que Cortés lo oyó, luego propuso que fuese por capitan Cristóbal de Olí con todos los más de á caballo y ballesteros y con gran copia de tlascaltecas; porque con la ganancia que los de Tlascala habian llevado de Tepeaca, habian venido á nuestro real é villa muchos más tlascaltecas; y nombró Cortés para ir con el Cristóbal de Olí á ciertos capitanes de los que habian venido con Narvaez; por manera que llevaba en su compañía sobre trecientos soldados y todos los mejores caballos que teniamos.

É yendo que iba con todos sus compañeros camino de aquella provincia, pareció ser que en el camino dijeron ciertos indios á los de Narvaez cómo estaban todos los campos y casas llenas de gente de guerra de mejicanos, mucho más que los de Obtumba, y que estaba allí con ellos el Guatemuz, señor de Méjico; y tantas cosas dicen que les dijeron, que atemorizaron á los de Narvaez; y como no tenian buena voluntad de ir á entradas ni ver guerras, sino volverse á su isla de Cuba, y como habian escapado de la de Méjico y calzadas y puentes y la de Obtumba, no se querian ver en otra como lo pasado; y sobre ello dijeron los de Narvaez tantas cosas al Cristóbal de Olí, que no pasase adelante, sino que se volviese, y que mirase no fuese peor esta guerra que las pasadas, donde perdiesen las vidas; y tantos inconvenientes le dijeron, y dábanle á entender que si el Cristóbal de Olí queria ir, que fuese en buen hora, que muchos dellos no querian pasar adelante; de modo que, por muy esforzado que era el capitan que llevaban, aunque les decia que no era cosa volver, sino ir adelante, que buenos caballos llevaban y mucha gente, y que si volviesen un paso atrás que los indios los ternian en poco, é que en tierra llana era, y que no queria volver, sino ir adelante; y para ello, de nuestros soldados de Cortés le ayudaban á decir que no se volviese, y que en otras entradas y guerras peligrosas se habian visto, é que, gracias á Dios, habian tenido vitoria, no aprovechó cosa ninguna con cuanto les decian; sino por via de ruegos le trastornaron su seso, que volviesen y que desde Cholula escribiesen á Cortés sobre el caso; y así se volvió; y de que Cortés lo supo, se enojó, y envió á Cristóbal de Olí otros dos ballesteros, y le escribió que se maravillaba de su buen esfuerzo y valentía, que por palabras de ninguno dejase de ir á una cosa señalada como aquella; y de que el Cristóbal de Olí vió la carta, hacia bramuras de enojo, y dijo á los que tal le aconsejaron que por su causa habia caido en falta.

Y luego, sin más determinacion, les mandó fuesen con él, é que el que no quisiese ir, que se volviese al real por cobarde, que Cortés le castigaria en llegando; y como iba hecho un bravo leon de enojo con su gente camino de Guacachula, ántes que llegasen como una legua, le salieron á decir los caciques de aquel pueblo de la manera y arte que estaban los de Culúa, y cómo habia de dar en ellos, y de qué manera habia de ser ayudado; y como lo hubieron entendido, apercebió los de á caballo y ballesteros y soldados, y segun y de la manera que tenian en el concierto da en los de Culúa.

Y puesto que pelearon muy bien por un buen rato, y le hirieron ciertos soldados y mataron dos caballos y hirieron otros ocho en unas fuerzas y albarradas que estaban en aquel pueblo, en obra de una hora estaban ya puestos en huida todos los mejicanos; y dicen que nuestros tlascaltecas que lo hicieron muy varonilmente, que mataban y prendian muchos dellos, y como les ayudaban todos los de aquel pueblo y provincia, hicieron muy grande estrago en los mejicanos, que presto procuraron retraerse é hacerse fuertes en otro gran pueblo que se dice Ozucar, donde estaban otras muy grandes guarniciones de mejicanos, y estaban en gran fortaleza, y quebraron una puente porque no pudiesen pasar caballos ni el Cristóbal de Olí; porque, como he dicho, andaba enojado, hecho un tigre, y no tardó mucho en aquel pueblo; que luego se fué á Ozucar con todos los que le pudieron seguir, y con los amigos de Guacachula pasó el rio y dió en los escuadrones mejicanos, que de presto los venció, y allí le mataron dos caballos, y á él le dieron dos heridas, y la una en el muslo, y el caballo muy bien herido, y estuvo en Ozucar dos dias; y como todos los mejicanos fueron desbaratados, luego vinieron los caciques y señores de aquel pueblo y de otros comarcanos á demandar paz, y se dieron por vasallos de nuestro Rey y señor; y como todo fué pacífico, se fué con todos sus soldados á nuestra villa de la Frontera.

Y porque yo no fuí en esta entrada, digo en esta relacion que dicen que pasó lo que he dicho; y nuestro Cortés le salió á recebir, y todos nosotros, y hubimos mucho placer, y reíamos de cómo le habian convocado á que se volviese, y el Cristóbal de Olí tambien reia, y decia que mucho más cuidado tenian algunos de sus minas y de Cuba que no de las armas, y que juraba á Dios que no le acaeciese llevar consigo, si á otra entrada fuese, sino de los pobres soldados de los de Cortés, y no de los ricos que venian de Narvaez, que querian mandar más que no él.