Dejemos de hablar desto, y digamos que desde á pocos dias que Miguel Diaz de Auz habia venido á aquel puerto de la manera que dicho tengo, aportó luego otro navío que enviaba el mismo Garay en ayuda y socorro de su armada, creyendo que todos estaban buenos y sanos en el rio de Pánuco, y venia en él por capitan un viejo que se decia Ramirez, é ya era hombre anciano, y á esta causa le llamamos Ramirez el viejo, porque habia en nuestro real dos Ramirez, y traia sobre cuarenta soldados y diez caballos é yeguas, y ballesteros y otras armas; y el Francisco de Garay no hacia sino echar unos navíos tras de otros al perdido y todo era favorecer y enviar socorro á Cortés, tan buena fortuna le ocurria, y á nosotros era de gran ayuda; y todos estos de Garay que dicho tengo fueron á Tepeaca, adonde estábamos; y porque los soldados que traia Miguel Diaz de Auz venian muy recios y gordos, les pusimos por nombre los de los lomos recios; y los que traia el viejo Ramirez traian unas armas de algodon de tanto gordor, que no las pasara ninguna flecha, y pesaban mucho, y pusímosles por nombre los de las albardillas; y cuando fueron los capitanes que dicho tengo delante de Cortés les hizo mucha honra.

Dejemos de contar de los socorros que teniamos de Garay, que fueron buenos, y digamos cómo Cortés envió á Gonzalo de Sandoval á una entrada á unos pueblos que se dicen Xalacingo y Cacatami.

CAPÍTULO CXXXIV.

CÓMO ENVIÓ CORTÉS Á GONZALO DE SANDOVAL Á PACIFICAR LOS PUEBLOS DE XALACINGO Y CACATAMI, Y LLEVÓ DUCIENTOS SOLDADOS Y VEINTE DE Á CABALLO Y DOCE BALLESTEROS, Y PARA QUE SUPIESE QUÉ ESPAÑOLES MATARON EN ELLOS, Y QUE MIRASE QUÉ ARMAS LES HABIAN TOMADO Y QUÉ TIERRA ERA, Y LES DEMANDASE EL ORO QUE ROBARON, Y DE LO QUE MÁS EN ELLO PASÓ.

Como ya Cortés tenia copia de soldados y caballos y ballestas, é se iba fortaleciendo con los dos navichuelos que envió Diego Velazquez, y envió en ellos por capitanes á Pedro Barba y Rodrigo de Morejon de Lobera, y trajeron en ellos sobre veinte y cinco soldados, y dos caballos y una yegua, y luego vinieron los tres navíos de los de Garay, que fué el primero capitan que vino, Camargo, y el segundo Miguel Diaz de Auz, y el postrero Ramirez el viejo, y traian entre todos estos capitanes que he nombrado sobre ciento y veinte soldados y diez y siete caballos é yeguas, é las yeguas eran de juego y de carrera.

Y Cortés tuvo noticia de que en unos pueblos que se dicen Cacatami y Xalacingo, é en otros sus comarcanos, habian muerto muchos soldados de los de Narvaez que venian camino de Méjico, é ansimesmo que en aquellos pueblos habian muerto y robado el oro á un Juan de Alcántara é á otros dos vecinos de la Villa-Rica, que era lo que les habia cabido de las partes á todos los vecinos que quedaban en la misma villa, segun más largo lo he escrito en el capítulo que dello se trata; y envió Cortés para hacer aquella entrada por capitan á Gonzalo de Sandoval, que era alguacil mayor, y muy esforzado y de buenos consejos, y llevó consigo ducientos soldados, todos los más de los nuestros de Cortés, y veinte de á caballo é doce ballesteros y buena copia de tlascaltecas; y ántes que llegase á aquellos pueblos supo que estaban todos puestos en armas, y juntamente tenian consigo guarniciones de mejicanos, é que se habian muy bien fortalecido con albarradas y pertrechos, porque bien habian entendido que por las muertes de los españoles que habian muerto, que luego habiamos de ser contra ellos para los castigar, como á los de Tepeaca y Cachula y Tecamachalco; y Sandoval ordenó muy bien sus escuadrones y ballesteros, y mandó á los de á caballo cómo y de qué manera habian de ir y romper; y primero que entrasen en su tierra les envió mensajeros á decilles que viniesen de paz y que diesen el oro y armas que habian robado, é que la muerte de los españoles se les perdonaria.

Y á esto de les enviar mensajeros á decilles que viniesen de paz fueron tres ó cuatro veces, y la respuesta que les enviaban era, que allá iban; que como habian muerto é comido los teules que les demandaban, que ansí harian al capitan y á todos los que llevaba; por manera que no aprovechaban mensajes; y otra vez les tornó á enviar á decir que él les haria esclavos por traidores y salteadores de caminos, y que se aparejasen á defender; y fué Sandoval con sus compañeros y les entró por dos partes; que puesto que peleaban muy bien todos los mejicanos y los naturales de aquellos pueblos, sin más referir lo que allí en aquellas batallas pasó, los desbarató, y fueron huyendo todos los mejicanos y caciques de aquellos pueblos, y siguió el alcance y se prendieron muchas gentes menudas; que de los indios no se curaban, por no tener qué guardar; y hallaron en unos cues de aquel pueblo muchos vestidos, y armas, y frenos de caballos y dos sillas, y otras muchas cosas de la jineta, que habian presentado á sus indios; y acordó Sandoval de estar allí tres dias, y vinieron los caciques de aquellos pueblos á pedir perdon y á dar la obediencia á su majestad Cesárea; y Sandoval les dijo que diesen el oro que habian robado á los españoles que mataron é que luego les perdonaria; y respondieron que el oro, que los mejicanos lo hubieron y que lo enviaron al señor de Méjico que entónces habian alzado por Rey, y que no tenian ninguno; por manera, que les mandó que en cuanto el perdon, que fuesen adonde estaba el Malinche, é que él les hablaria é perdonaria; y ansí, se volvió con una buena presa de mujeres y muchachos, que echaron el hierro por esclavos.

Y Cortés se holgó mucho cuando le vió venir bueno y sano, puesto que traia cosa de ocho soldados mal heridos y tres caballos ménos, y aun el Sandoval traia un flechazo; é yo no fuí en esta entrada, que estaba muy malo de calenturas y echaba sangre por la boca; é gracias á Dios, estuve bueno porque me sangraron muchas veces.

É como Gonzalo de Sandoval habia dicho á los caciques de Xalacingo é Cacatami que viniesen á Cortés á demandar paces, no solamente vinieron aquellos pueblos solos, sino tambien otros muchos de la comarca, y todos dieron la obediencia á su majestad, y traian de comer á aquella villa adonde estábamos.

É fué aquella entrada que hizo de mucho provecho, y se pacificó toda la tierra; y dende en adelante tenia Cortés tanta fama en todos los pueblos de la Nueva-España, lo uno de muy justificado y lo otro de muy esforzado, que á todos ponia temor, y muy mayor á Guatemuz, el señor y rey nuevamente alzado en Méjico; y tanta era la autoridad, ser y mando que habia cobrado nuestro Cortés, que venian ante él pleitos de indios de léjas tierras, en especial sobre cosas de cacicazgos y señoríos; que, como en aquel tiempo anduvo la viruela tan comun en la Nueva-España, fallecian muchos caciques, y sobre á quién le pertenecia el cacicazgo y ser señor y partir tierras ó vasallos ó bienes venian á nuestro Cortés, como á señor absoluto de toda la tierra, para que por su mano é autoridad alzase por señor á quien le pertenecia.