Y en aquel tiempo vinieron del pueblo de Ozucar y Guacachula, otras veces ya por mí nombrado; porque en Ozucar estaba casada una parienta muy cercana de Montezuma con el señor de aquel pueblo, y tenian un hijo que decian era sobrino del Montezuma, é segun parece, heredaba el señorío, é otros decian que le pertenecia á otro señor, y sobre ello tuvieron muy grandes diferencias, y vinieron á Cortés, y mandó que le heredase el pariente de Montezuma, y luego cumplieron su mandato; é ansí vinieron de otros muchos pueblos de á la redonda sobre pleitos, y á cada uno mandaba dar sus tierras y vasallos, segun sentia por derecho que les pertenecia.

Y en aquella sazon tambien tuvo noticia Cortés que en un pueblo que estaba de allí seis leguas, que se decia Cocotlan, y le pusimos por nombre Castilblanco (como ya otras veces he dicho, dando la causa por qué se le puso este nombre), habian muerto nueve españoles, envió al mismo Gonzalo de Sandoval para que los castigase y los trajese de paz, y fué allá con treinta de á caballo y cien soldados, y ocho ballesteros y cinco escopeteros, y muchos tlascaltecas, que siempre se mostraron muy aficionados y eran buenos guerreros.

Y despues de hechos sus requerimientos y protestaciones, que vieron y les enviaron á decir otras muchas cosas de cumplimientos con cinco indios principales de Tepeaca, y si no venian que les daria guerra y haria esclavos.

Y pareció ser estaban en aquel pueblo otros escuadrones de mejicanos en su guarda y amparo, y respondieron que señor tenian, que era Guatemuz; que no habian menester ni venir ni ir á llamado de otro señor; que si allá fuesen, que en el camino les hallarian, que no se les habian ahora fallecido las fuerzas ménos que las tenian en Méjico y puentes y calzadas, é que ya sabian á qué tanto llegaban nuestras valentías.

Y cuando aquello oyó Sandoval, puesta muy en órden su gente cómo habia de pelear, y los de á caballo y escopeteros y ballesteros, mandó á los tlascaltecas que no se metiesen en los enemigos al principio, porque no estorbasen á los caballos y porque no corriesen peligro, ó hiriesen algunos dellos con las ballestas y escopetas ó los atropellasen con los caballos, hasta haber rompido los escuadrones, y cuando los hubiesen desbaratado, que prendiesen á los mejicanos y siguiesen el alcance; y luego comenzó á caminar hácia el pueblo, y salen al camino y encuentro dos escuadrones de guerreros junto á unas fuerzas y barrancas, y allí estuvieron fuertes un rato, y con las ballestas y escopetas les hacian mucho mal; por manera que tuvo Sandoval lugar de pasar aquella fuerza é albarradas con los caballos; y aunque le hirieron nueve caballos, y uno murió, y tambien le hirieron cuatro soldados, como se vió fuera de mal paso é tuvo lugar por donde corriesen los caballos, y aunque no era buena tierra ni llano, que habia muchas piedras, da tras los escuadrones, rompiendo por ellos, que los llevó hasta el mismo pueblo, adonde estaba un gran patio, y allí tenian otra fuerza y unos cues, adonde se tornaron á hacer fuertes; y puesto que peleaban muy bravosamente, todavía los venció, y mató hasta siete indios, porque estaban en malos pasos; y los tlascaltecas no habian menester mandalles que siguiesen el alcance, que con la ganancia, como eran guerreros, ellos tenian el cargo, especialmente como sus tierras no estaban léjos de aquel pueblo; allí se hubieron muchas mujeres y gente menuda, y estuvo allí el Gonzalo de Sandoval dos dias, y envió á llamar los caciques de aquel pueblo con unos principales de Tepeaca que iban en su compañía, y vinieron, y demandaron perdon de la muerte de los españoles, y Sandoval les dijo que si daban las ropas y hacienda que robaron de los que mataron, que se les perdonaria, y respondieron que todo lo habian quemado y que no tenian ninguna cosa, y que los que mataron, que los más dellos habian ya comido, y que cinco teules enviaron vivos á Guatemuz, su señor, y que ya habian pagado la pena con los que agora les habian muerto en el campo y en el pueblo; que les perdonase, é que llevarian muy bien de comer y bastecerian la villa donde estaba Malinche.

Y como el Gonzalo de Sandoval vió que no se podia hacer más, les perdonó, y allí se ofrecieron de servir bien en lo que les mandasen; y con este recaudo se fué á la villa, y fué bien recebido de Cortés y de todos los del real.

Donde dejaré de hablar más en ello, y digamos cómo se herraron todos los esclavos que se habian habido en aquellos pueblos y provincia, y lo que sobre ello se hizo.

CAPÍTULO CXXXV.

CÓMO SE RECOGIERON TODAS LAS MUJERES Y ESCLAVOS DE TODO NUESTRO REAL QUE HABIAMOS HABIDO EN AQUELLO DE TEPEACA Y CACHULA, TECAMECHALCO Y EN CASTILBLANCO Y EN SUS TIERRAS, PARA QUE SE HERRASEN CON EL HIERRO EN NOMBRE DE SU MAJESTAD, Y LO QUE SOBRE ELLO PASÓ.

Como Gonzalo de Sandoval hubo llegado á la villa de Segura de la Frontera, de hacer aquellas entradas que ya he dicho, y en aquella provincia todos los teniamos ya pacíficos, y no teniamos por entónces donde ir á entrar, porque todos los pueblos de los rededores habian dado la obediencia á su Majestad, acordó Cortés, con los oficiales del Rey, que se herrasen las piezas y esclavos que se habian habido, para sacar su quinto, despues que se hubiese primero sacado el de su majestad, y para ello mandó dar pregones en el real é villa que todos los soldados llevásemos á una casa que estaba señalada para aquel efeto á herrar todas las piezas que tuviesen recogidas, y dieron de plazo aquel dia que se pregonó y otro; y todos ocurrimos con todas las indias, muchachas y muchachos que habiamos habido; que de hombres de edad no nos curábamos dellos, que eran malos de guardar, y no habiamos menester su servicio, teniendo á nuestros amigos los tlascaltecas.