Volvamos á Cortés, que, como estaba él y toda su gente los más muertos, se iban todos los escuadrones mejicanos hasta su real á darle guerra, y aun le echaron delante de sus soldados, que resistian á los mejicanos cuando peleaban, otras cuatro cabezas corriendo sangre de aquellos soldados que habian llevado vivos á Cortés, y les decian que eran del Tonatio, que es Pedro de Albarado, y de Gonzalo de Sandoval y de otros teules, é que ya nos habian muerto á todos.
Entónces dicen que desmayó Cortés mucho más de lo que ántes estaba él y los que consigo traia, mas no de manera que sintiesen en él mucha flaqueza; y luego mandó al maestre de campo Cristóbal de Olí y á sus capitanes que mirasen no les rompiesen los muchos mejicanos que estaban sobre ellos, é que todos juntos hiciesen cuerpo, ansí heridos como sanos; y mandó á Andrés de Tapia que con tres de á caballo viniese á Tacuba por tierra, que es nuestro real, que mirase qué habia sido de nosotros, y que si no éramos desbaratados, que nos contase lo por él pasado, y que nos dijese que tuviésemos muy buen recaudo en el real, que todos juntos hiciésemos cuerpo, ansí de dia como de noche, en la vela; y esto que nos enviaba á mandar, ya lo teniamos todos por costumbre.
Y el capitan Andrés de Tapia y los tres de á caballo que con él venian se dieron muy buena priesa, y aunque tuvieron en el camino una refriega de vara y flecha que les dieron en un paso los mejicanos; que ya habia puesto Guatemuz en los caminos muchos indios guerreros porque no supiésemos los unos de los otros los desmanes, y aun venia herido el Andrés de Tapia, y traia en su compañía á Guillen de la Loa, y el otro se decia Valde-Nebro, y á un Juan de Cuellar, hombres muy esforzados; y de que llegaron á nuestro real y nos hallaron batallando con el poder de Méjico, que todo estaba junto contra nosotros, se holgaron en el alma, y nos contaron lo acaecido del desbarate de Cortés, y lo que nos enviaba á decir, y no nos quisieron declarar qué tantos eran los muertos, y decian que hasta veinte y cinco, y que todos los demás estaban buenos.
Dejemos de hablar ahora en esto, y volvamos al Gonzalo de Sandoval, y á sus capitanes y soldados, que andaban vitoriosos en la parte y calles de su conquista; y cuando los mejicanos hubieron desbaratado á Cortés, cargaron sobre el Gonzalo de Sandoval y su ejército y capitanes, de arte que no se pudo valer, y le mataron dos soldados y le hirieron á todos los que traia, y á él le dieron tres heridas, la una en el muslo y la otra en la cabeza y la otra en un brazo; y estando batallando con los contrarios, le ponen delante seis cabezas de los de Cortés, y le dicen que aquellas cabezas eran de Malinche y del Tonatio y de otros capitanes, y que ansí habian de hacer al Gonzalo de Sandoval y á los que con él estaban, y le dieron muy fuertes combates; y de que aquello vió el buen capitan Sandoval, mandó á sus capitanes y soldados que todos tuviesen mucho ánimo, más que de ántes, é que no desmayasen, é que mirasen al retraer no hubiese algun desman ó desconcierto en la calzada, porque es angosta; y lo primero que hizo fué mandar salir de la calzada á los amigos tlascaltecas, que tenia muchos, y porque no les estorbasen al retraer; y con sus dos bergantines y sus ballesteros y escopeteros con mucho trabajo se retrajo á su estancia, y con toda su gente bien herida y aun desmayada, y dos soldados ménos; y como se vió fuera de la calzada, puesto que estaban cercados de mejicanos, esforzó su gente y capitanes, y les encomendó mucho que todos juntos hiciesen cuerpo, ansí de dia como de noche, é que guardasen el real no le desbaratasen; y como conocia del capitan Luis Marin que lo hacia bien, ansí herido y entrapajado como estaba el Sandoval, tomó consigo otros de á caballo, y por tierra fué muy por la posta al real de Cortés, y aun en el camino tuvo su salmorejo de piedra y vara y flecha; porque, como ya otra vez he dicho, en todos los caminos tenia Guatemuz indios mejicanos guerreros para no dejar pasar de un real á otro con nuevas ningunas, para que así nos vencieran más fácilmente; y cuando el Sandoval vido á Cortés, le dijo:
—«Oh señor capitan, y ¿qué es esto? ¿Aquestos son los grandes consejos y ardides de guerra que siempre nos daba? ¿Cómo ha sido este desman?»
Y Cortés le respondió, saltándosele las lágrimas de los ojos:
—«Oh hijo Sandoval, que mis pecados lo han permitido, que no soy tan culpante en el negocio como me hacen, sino es el tesorero Julian de Alderete, á quien le encargué que cegase aquel mal paso donde nos desbarataron, y no lo hizo, como no es acostumbrado á guerras ni á ser mandado de capitanes.»
Y entónces respondió el mismo tesorero, que se halló junto á Cortés, que vino á ver y hablar al Sandoval y á saber de su ejército si eran muertos ó desbaratados, é dijo que el mismo Cortés tenia la culpa, y no él; y la causa que dió fué que, como Cortés iba con vitoria, por seguilla muy mejor decia: «Adelante, caballeros;» é que no les mandó cegar puentes ni pasos malos, é que si se lo mandara, que su capitanía y con sus amigos lo hiciera; y tambien culpaban mucho á Cortés en no haber mandado con tiempo salir de las calzadas á los muchos amigos que llevaba; é porque hubo otras muchas pláticas y respuestas al tesorero, que iban muchas con enojo, se dejarán de decir; é diré cómo en aquel instante llegaron dos bergantines de los que ántes tenia Cortés en su compañía y calzada, que no sabian dellos despues del desbarate, y segun pareció, habian estado detenidos, porque estuvieron zabordados en unas estacadas, y segun dijeron los capitanes, habian estado cercados de unas canoas que les daban guerra, y venian todos heridos, y dijeron que Dios primeramente les ayudó, y con su viento y con grandes fuerzas que pusieron al remar rompieron las estacadas y se salvaron, de lo cual hubo mucho placer Cortés, porque hasta entónces, aunque no lo publicaba por no desmayar á los soldados, como no sabian dellos, les tenian por perdidos.
Dejemos esto, y volvamos á Cortés, que luego encomendó á Sandoval mucho que fuese en posta á nuestro real, que se dice Tacuba, y mirase si éramos desbaratados ó de qué manera estábamos, é que si éramos vivos, que nos ayudase á poner resistencia en el real, no nos rompiesen; y dijo á Francisco de Lugo que fuese en compañía de Sandoval, porque bien entendido tenia que habia escuadrones de guerreros mejicanos en el camino, y le dijo que ya habia enviado á saber de nosotros á Andrés de Tapia con tres de á caballo, y temia no le hubiesen muerto en el camino; cuando se lo dijo y se despidió fué á abrazar á Gonzalo de Sandoval, y le dijo:
—«Mirá, pues veis que yo no puedo ir á todas partes, á vos os encomiendo estos trabajos, pues veis que estoy herido y cojo; ruégoos pongais cobro en estos tres reales: bien sé que Pedro de Albarado y sus capitanes y soldados habrán batallado y hecho como caballeros, mas temo el gran poder destos perros, no les hayan desbaratado; pues de mí y de mi ejército ya veis de la manera que estoy.»