—«¿En qué se anda Malinche con nosotros, cada dia demandándonos paces? Que nuestros ídolos nos han prometido vitoria, y tenemos hartos bastimentos y agua, y á ninguno de vosotros hemos de dejar á vida; por eso no tornen á hablar sobre las paces, pues las palabras son para las mujeres y las armas para los hombres.»

Y diciendo esto, se vienen á nosotros como perros dañados, y hablando y peleando todo era uno, y hasta que la noche nos despartia estábamos peleando, y luego, como dicho tengo, al retraer con gran concierto, porque nos venian siguiendo con grandes capitanías y escuadrones dellos, y estábamos á los amigos fuera de la calzada, porque ya habian venido muchos más que de ántes, y nos volviamos á nuestras chozas, y luego ir y velar todos juntos, y en la vela cenábamos nuestra mala ventura, como dicho tengo otras veces, y bien de madrugada alto á pelear, porque no nos daban más espacio; y desta manera estuvimos muchos dias; y estando desta manera tuvimos otro combate, y es que se juntaban de tres provincias, que se dicen Matalacingo y Malinalco, y otros pueblos que no se me acuerda de sus nombres, que estaban obra de ocho leguas de Méjico, para venir sobre nosotros, y miéntras estuviésemos batallando con los mejicanos darnos en las espaldas y en nuestros reales, y que entónces saldrian los poderes mejicanos, y los unos por una parte y los otros por otra, tenian pensamientos de nos desbaratar; y porque hubo otras pláticas, lo que sobre ello se hizo, diré adelante.

CAPÍTULO CLV.

CÓMO FUÉ GONZALO DE SANDOVAL CONTRA LAS PROVINCIAS QUE VENIAN Á AYUDAR Á GUATEMUZ.

Y para que esto se entienda bien, es menester volver algo atrás á decir desde que á Cortés desbarataron y se llevaron á sacrificar sesenta y tantos soldados, y aun bien puedo decir sesenta y dos, porque tantos fueron despues, que bien se contaron.

Y tambien he dicho que Guatemuz envió las cabezas de los caballos y caras que habian desollado, y piés y manos de nuestros soldados que habian sacrificado, á muchos pueblos y á Matalacingo y Malinalco, y les envió á hacer saber que ya habia muerto la mitad de nuestras gentes, y que les rogaba que para que nos acabasen de matar, que le viniesen á ayudar, é que darian guerra en nuestros reales de dia y de noche, y que por fuerza habiamos de pelear con ellos por defenderse; é que cuando estuviésemos peleando, saldrian ellos de Méjico y nos darian guerra por otra parte, de manera que nos vencerian, y tenian que sacrificar muchos de nosotros á sus ídolos, y harian hartazga con nuestros cuerpos.

De tal manera se lo envió á decir, que lo creyeron y tuvieron por cierto; y demás desto, en Matalacingo tenia el Guatemuz muchos parientes por parte de la madre, y como vieron las caras y cabezas que dicho tengo, y lo que les envió á decir, luego pusieron por la obra de se juntar con todos sus poderes que tenian, y de venir en socorro de Méjico y de su pariente Guatemuz, y venian ya de hecho contra nosotros, y por el camino por donde pasaron estaban tres pueblos, y les comenzaron á dar guerra y robaron las estancias, y robaron niños para sacrificar; los cuales pueblos enviaron á se lo hacer saber á Cortés para que les enviase ayuda y socorro; y como lo supo, de presto mandó á Andrés de Tapia, y con veinte de á caballo y cien soldados y muchos amigos les socorrió muy bien y les hizo retraer á sus pueblos, con mucho daño que les hizo, y se volvió al real; de que Cortés hubo mucho placer y contentamiento; y despues desto, en aquel instante vinieron mensajeros de los pueblos de Cuernabaca á demandar socorro, que los mismos de Matalacingo, de Malinalco y otras provincias venian sobre ellos, é que enviase socorro; y para ello envió á Gonzalo de Sandoval con veinte de á caballo y ochenta soldados, los más sanos que habia en todos tres reales, y muchos amigos; y sabe Dios cuáles quedábamos con gran riesgo de nuestras personas, porque todos los más estábamos heridos muy malamente y no teniamos refrigerio ninguno.

Y porque hay mucho que decir en lo que Sandoval hizo en el desbarate de los contrarios, se dejará de decir, más de que se vino muy de presto por socorrer á su real, y trajo dos principales de Matalacingo consigo, y les dejó más de paz que de guerra; y fué muy provechosa aquella entrada que hizo, lo uno por evitar que á muchos amigos no se les hiciese ni recibiesen más daño, y lo otro porque no viniesen á nuestros reales, como venian de hecho, y porque viese Guatemuz y sus capitanes que no tenian ya ayuda ni favor de aquellas provincias; y tambien cuando con ellos estábamos peleando nos decian que nos habian de matar con ayuda de Matalacingo y de otras provincias, é que sus dioses se lo habian prometido así.

Dejemos ya de decir de la ida y socorro que hizo Sandoval, y volvamos á decir de cómo Cortés envió á rogar á Guatemuz que viniese de paz é que le perdonaria todo lo pasado; y le envió á decir que el Rey nuestro señor le envió á decir ahora nuevamente que no le destruyese más aquella ciudad y tierras, y que por esta causa los cinco dias pasados no le habia dado guerra ni entrado batallando; y que mire que ya no tienen bastimentos ni agua, y más de las dos partes de su ciudad por el suelo, é que de los socorros que esperaba de Matalacingo, que se informe de aquellos dos principales que entónces les envió é digan cómo les ha ido en su venida; y le envió á decir otras cosas de muchos ofrecimientos, que fueron con estos mensajeros los dos indios de Matalacingo, y le dijeron lo que habia pasado; y no les quiso responder cosa ninguna, sino solamente les mandó que se volviesen á sus pueblos, y luego les mandó salir de Méjico.

Dejemos á los mensajeros, que luego salieron, y los mejicanos por tres partes con la mayor furia que hasta allí habiamos visto, y se vienen á nosotros, y en todos tres reales nos dieron muy recia guerra; y puesto que les heriamos y matábamos muchos dellos, paréceme que deseaban morir peleando, y entónces cuando más recios andaban con nosotros pié con pié peleando, nos decian: