Y viendo aquellos desatinos de Nuño de Guzman el cabildo de Méjico y otros caballeros vecinos de aquella ciudad, porque temiese el Nuño de Guzman é hiciese lo que su majestad mandaba, suplicaron al tesorero que juntamente con él gobernase Cortés, pues convenia al servicio de Dios nuestro Señor y de su majestad; y el tesorero no quiso, é otras personas dicen que Cortés no lo quiso acetar, porque no dijesen maliciosos que por fuerza queria señorear, y tambien porque hubo murmuraciones que tenian sospecha en la muerte de Márcos de Aguilar, que Cortés fué causa della é dió con qué murió: y lo que se concertó fué, que juntamente con el tesorero gobernase Gonzalo de Sandoval, que era alguacil mayor y persona que se hacia mucha cuenta dél; é lo hubo por bien el tesorero; mas otras personas dijeron que si lo aceptó fué por casar una hija con el Sandoval, y si se casara con ella, fuera el Sandoval muy más estimado y por ventura hubiera la gobernacion, porque en aquella sazon no se tenia en tanta estima esta Nueva-España como agora.
Pues estando gobernando el tesorero y el Gonzalo de Sandoval, pareció ser, como en este mundo hay hombres muy desatinados, que un Fulano Proaño, que dicen que se fué en aquella sazon á lo de Xalisco, huyendo de Méjico, que despues fué muy rico; y el Sandoval, como gobernador que era, que habia de hacer justicia sobre ello y prender al Proaño, no lo hizo, porque se fué huyendo adonde no podia ser habido, por mucha diligencia que sobre ello puso; y puesto que claramente se supo que no podria alcanzar justicia, lo disimuló.
Dejemos esto, y quiero decir que en aquellos dias que anduvieron los conciertos dichos para que Cortés gobernase con el tesorero, y pusieron al Sandoval por compañero en la gobernacion, segun ya dicho tengo, aconsejaron á Alonso de Estrada que luego por la posta fuese en un navío á Castilla é hiciese relacion dello á su majestad, y aun le indujeron que dijese que por fuerza le pusieron á Sandoval por compañero, segun ya dicho tengo, porque no quiso ni consintió que Cortés juntamente gobernase con él; y demas desto, ciertas personas, que no estaban bien con Cortés, escribieron otras cartas de por sí, y en ellas decian que Cortés habia mandado dar ponzoña á Luis Ponce de Leon y á Márcos de Aguilar, é que ansimismo al adelantado Garay, é que en unos requesones que les dieron en un pueblo que se dice Iztapalapa creian que les dieron rejalgar en ellos, y que por aquella causa no quiso comer un fraile de la órden de señor Santo Domingo dellos; y todo lo que escribian de Cortés eran maldades y traiciones que le levantaron, y tambien escribieron que Cortés queria matar al factor y veedor; y en aquella sazon tambien fué á Castilla el contador Albornoz, que jamás estuvo bien con Cortés.
Y como su majestad y los del Real Consejo de Indias vieron las cartas que he dicho que enviaron diciendo mal de Cortés, y se informaron del contador Albornoz, é lo de Luis Ponce é lo de Márcos de Aguilar, ayudó muy mal contra Cortés, é haber oido lo del desbarate del Narvaez y del Garay, y lo de Tapia y lo de Catalina Suarez la Marcayda, su primera mujer; y estaban mal informados de otras cosas, é creyeron ser verdad lo que agora escribian; luego mandó su majestad proveer que sólo Alonso de Estrada gobernase, y dió por bueno cuanto habia hecho, y en los indios que encomendó; que sacasen de las prisiones y jaulas al factor y veedor y les volviesen sus bienes, y por la posta vino un navío con las provisiones; y para castigar á Cortés de lo que le acusaban, mandó que luego viniese un caballero que se decia don Pedro de la Cueva, comendador mayor de Alcántara, y que á costa de Cortés trujese trescientos soldados, y que si le hallase culpado le cortase la cabeza, y á los que juntamente con él habian hecho algun deservicio á su majestad, é que á los verdaderos conquistadores que les diese de los pueblos que quitasen á Cortés; y ansimismo mandó proveer que viniese audiencia Real, creyendo con ella habria recta justicia.
É ya que se estaba apercibiendo el comendador don Pedro de la Cueva para venir á la Nueva-España, por ciertas pláticas que despues hubo en la córte, ó porque no le dieron tantos mil ducados como pedia para el viaje, y porque con el audiencia Real, creyendo que lo pusieran en justicia, se estorbó su jornada, que no vino, é porque el duque de Béjar quedó por nuestro fiador otra vez.
Y quiero volver al tesorero, que, como se vió tan favorecido de su majestad, é haber sido tantas veces gobernador, y agora de nuevo le mandaba su majestad gobernar solo; y aun le hicieron creer al tesorero que habian informado al Emperador nuestro señor que era hijo del Rey Católico, y estaba muy ufano, y tenia razon; é lo primero que hizo fué enviar á Chiapa por capitan á un su primo, que se decia Diego de Mazariegos, y mandó tomar residencia á don Juan Enriquez de Guzman, el que habia enviado por capitan Márcos de Aguilar, y más robos y quejas se halló que habia hecho en aquella provincia que bienes; y tambien envió á conquistar é pacificar los pueblos de los zapotecas y minxes, y que fuesen por dos partes, para que mejor los prendiesen, á traer de paz, que fuese por la parte de la banda del Norte, é envió á un Fulano de Barrios, que decian que habia sido capitan en Italia y que era muy esforzado, que nuevamente habia venido de Castilla á Méjico (no digo por Barrios el de Sevilla, el cuñado que fué de Cortés), y le dió sobre cien soldados, y entre ellos muchos escopeteros y ballesteros.
Llegado este capitan con sus soldados á los pueblos de los zapotecas, que se decian los titepeques, una noche salen los indios naturales de aquellos pueblos y dan sobre el capitan y sus soldados; y tan de repente dieron en ellos, que mataron al capitan Barrios y á otros siete soldados, y á todos los más hirieron, y si de presto no tomaran las de Villadiego, y se vinieran á acoger á unos pueblos de paz, todos murieran.
Aquí verán cuánto va de los conquistadores viejos á los nuevamente venidos de Castilla, que no saben qué cosa es guerra de indios ni sus astucias: en esto paró aquella conquista.
Digamos agora del otro capitan que fué por la parte de Guaxaca, que se decia Figuero, natural de Cáceres, que tambien dijeron que habia sido capitan en Castilla, y era muy amigo del tesorero Alonso de Estrada, y llevó otros cien soldados de los nuevamente venidos de Castilla á Méjico, y muchos escopeteros y ballesteros y aun diez de á caballo; y como llegaron á las provincias de los zapotecas, envió á llamar á un Alonso de Herrera, que estaba en aquellos pueblos por capitan de treinta soldados, por mandado de Márcos de Aguilar en el tiempo que gobernaba, segun lo tengo dicho en el capítulo que dello hace mencion; y venido el Alonso de Herrera á su llamada, porque, segun apareció, traia poder el Figuero para que estuviese debajo de su mano, é sobre ciertas pláticas que tuvieron, ó porque no quiso quedar en su compañía, vinieron á echar mano á las espadas, y el Herrera acuchilló á el Figuero y á otros tres de los soldados que traia, que le ayudaban.
Pues viendo el Figuero que estaba herido y manco de un brazo, y no se atrevia á entrar en las sierras de los miuxes, que eran muy altas y malas de conquistar, y los soldados que traia no sabian conquistar aquellas tierras, acordó de andarse á desenterrar sepulturas de los enterramientos de los caciques de aquella provincia, porque en ellas halló cantidad de joyas de oro, con que antiguamente tenian costumbre de se enterrar los principales de aquellos pueblos; y dióse tal maña, que sacó dellas sobre cien mil pesos de oro, y con otras joyas que hubo de dos pueblos, acordó de dejar la conquista é pueblos en que estaba, y dejólos muy más de guerra á algunos dellos que los halló, y fué á Méjico, y dende allí se iba á Castilla el Figuero con su oro; y embarcado en la Veracruz, fué su ventura tal, que el navío en que iba dió con recio temporal al través junto á la Veracruz, de manera que se perdió él y su oro y se ahogaron quince pasajeros, y todo se perdió; y en aquello pararon los capitanes que envió el tesorero á conquistar aquellos pueblos, que nunca vinieron de paz hasta que los vecinos de Guacacualco los conquistamos, y como tienen altas sierras y no pueden ir caballos, me quebranté el cuerpo, de tres veces que me hallé en aquellas conquistas; porque, puesto que en los veranos los atraimos de paz, en entrando las aguas se tornaban á levantar y mataban á los españoles que podian haber desmandados; y como siempre les seguiamos, vinieron de paz, y está poblada una villa que dicen San Alfonso.