—«Callad, ó idos con Dios, y de aquí adelante tened más miramiento en lo que dijéredes, porque os costará caro por ello, é os haré castigar.»
Era muy porfiado, en especial en cosas de la guerra, que, por más consejo y palabras que le deciamos sobre cosas desconsideradas de combates que nos mandaba dar cuando rodeamos los pueblos grandes de la laguna, y en los peñoles que agora llaman del Marqués, le dijimos que no subiésemos arriba en unas fuerzas y peñoles, sino que les tuviésemos cercados, por causa de las muchas galgas que dende lo alto de la fortaleza venian derriscando, que nos echaban, porque era imposible defendernos del golpe é ímpetu con que venian, y era aventurarnos todos á morir, porque no bastaria esfuerzo ni consejo ni cordura; y todavía porfió contra todos nosotros, y hubimos de comenzar á subir, y corrimos harto peligro, y murieron diez ó doce soldados, y todos los más salimos descalabrados y heridos, sin hacer cosa que de contar sea hasta que mudamos otro consejo.
Y demas desto, en el camino que fuimos á las Higueras ó á lo de Cristóbal de Olí cuando se alzó con la armada, yo le dije muchas veces que fuésemos por las sierras, y porfió que mejor era por la costa; y tampoco acertó, porque si fuéramos por donde yo decia, era toda la tierra poblada.
Y para que bien la entienda quien lo ha andado, es de Guacacualco, camino derecho de Chiapa, y de Chiapa á Guatimala, y de Guatimala á Naco, que es adonde en aquella sazon estaba el Cristóbal de Olí.
Dejemos esta plática, y diré que cuando luego venimos con nuestra armada á la Villa-Rica y comenzamos á hacer la fortaleza, el primero que cavó y sacó tierra en los cimientos fué Cortés, y siempre en las batallas le vi que entraba en ellas juntamente con nosotros.
Comenzaré á decir en las batallas de Tabasco, que él fué por capitan de los de á caballo y peleó muy bien.
Vamos á la Villa-Rica, ya he dicho acerca de lo de la fortaleza.
Pues en dar, como dimos, con trece navíos al través por consejo de nuestros valerosos capitanes y fuertes soldados, y no como lo dice Gómora.
Pues en las guerras de Tlascala, en tres batallas se mostró muy esforzado capitan.
Y en la entrada de Méjico con cuatrocientos soldados, cosa es de pensar en ello, y más tener atrevimiento de prender al gran Montezuma dentro de sus palacios, teniendo tan grandes números de guerreros, y tambien digo que lo prendimos por consejo de nuestros capitanes y de todos los más soldados.