Acababa de dejar a unos compañeros de diversión, así es que, de momento, no observó la gravedad del grupo, pero golpeó amistosamente por la espalda al hombre más próximo, y se echó en una silla que vio libre.

—¡Acabo de oír la cosa mejor del mundo, muchachos! ¿Conocen ustedes a Melín? ¿El de allá abajo, Joaquín Melín, el hombre más divertido de Bar? Pues Joaquín nos estaba contando el cuento de más chispa que...

—¡Melín es un animal!—interrumpió una voz seca.

—Un cuadrúpedo—añadió otro, en tono sepulcral.

Y el silencio volvió a reinar después de estas declaraciones.

El viejo miró rápidamente en torno al grupo. Luego, su cara se transformó poco a poco.

—Es verdad—dijo, después de un momento de reflexión,—es realmente una especie de cuadrúpedo, algo tiene de animal, no puede negarse.

Y frunció el ceño, como en dolorosa meditación de la ignorancia e imbecilidad del impopular Melín.

—Hace un tiempo bien triste, ¿verdad?—añadió, engolfándose en la corriente del general sentimiento.—Mala la van a pasar los obreros y poco dinero corre esta temporada... Y mañana es Navidad.

Hubo un movimiento entre los concurrentes al anunciar esto, pero no se traslució claramente si era de satisfacción o de disgusto.